La gente salió del Sánchez Pizjuán con la sonrisa de satisfacción del que está muy a gusto. Lo peor fue que la persona que llevó ayer la alegría a los corazones de los sevillistas era un holandés con sangre asiática que juega en el Barcelona. El agradable cosquilleo en la tripa manaba del mal ajeno -el del empate en vez de victoria del Betis en el Camp Nou-, nunca del orgullo de lo propio. El Sevilla demostró ayer que consta de Baptista y casi nada más. Y una sanción impedía que jugara Baptista. Todo lo relevante que pasó en el campo fue lo que no pasó.
El partido fue más que malo. Hay que bajar mucho el listón de lo que se denomina como una buena jugada para encontrar una o dos. Quizá sólo una, de Antoñito, que caracoleó de derecha a izquierda, en una larga carrera que acabó en un churrete de pase.
SEVILLA 1 - NUMANCIA 0
Sevilla: Notario; Sergio Ramos, Aitor Ocio, Javi Navarro, David; Fernando Sales (Daniel Alves, m. 62), Renato, Jordi López (Antoñito, m. 46), Adriano; Jesús Navas y Aranda (Carlitos, m. 57).
Numancia: Juanma; Pignol, Palacios, Antonio, Tarantino; Velasco (Ros, m.55), Pablo Sanz, Juan Carlos Moreno, Juanlu; Pineda (Miguel, m. 75) y Pulpo González (Tevenet, m. 75).
Gol: 1-0. M. 69. Adriano.
Árbitro: Losantos Omar. Amonestó a Ocio, Alves, Juanlu, Pignol y Tevenet.
30.000 espectadores en el Sánchez Pizjuán.
Hasta el gol tuvo que llegar en semifallo. El saque de un córner sobrevoló todo el área del Numancia; Renato controló la pelota de manera extraña y la bombeó de nuevo, en sentido contrario, y Adriano la chutó bastante mal, aunque lo suficientemente bien como para marcar.
Como sería la cosa que los protagonistas principales fueron Aranda y sus fallos. Pifió de cabeza, con el pie, en el control y en el pase. La viva imagen del Sevilla, que no sabe meter goles, que se ha despeñado desde que lograra una bella victoria en el Bernabéu, ya en diciembre.
El Numancia lo intentó, pero tiene poco con lo que especular. Tan sólo Pulpo González pareció un jugador con la calidad suficiente para la Primera española.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005