El Atlético se asoma a la primera línea de playa de la Liga, aunque todavía no puede disfrutar de las vistas. César Ferrando, su técnico, ya avisó: "El equipo está donde tiene que estar en el momento que tiene que estar". Una sentencia críptica con una traducción sencilla si se mira a la tabla de clasificación: los rojiblancos están a tres puntos de Europa, su objetivo, y les toca la siguiente semana visitar al colista, el Numancia. Ayer, le metió cuatro goles al Mallorca, que acabó con nueve jugadores. Una cifra sin precedentes en el pasado más reciente del equipo madrileño.
Gonzalo Colsa le tenía miedo al Calderón. No le gustaba levantar la vista y ver más de 50.000 ojos a la expectativa, críticos y permanentemente posados en su cogote. Se sentía abrumado, nervioso, superado. Por eso, pasó de ser un internacional sub 21, un chaval prometedor y con llegada, a un medio timorato que encadenó cesión tras cesión, mudanza, ruido de ruedas de maletas. Pero ya no tiene miedo. Lo ha superado. Se encuentra cómodo. Lo bastante a gusto como para relegar al olvido al industrioso Pato Sosa; como para intentar hacer circular el balón con fluidez; como para dar dos pasos hacia el área contraria y escalonarse con Luccin. Lo suficientemente seguro como para marcar un golazo, aunque el árbitro se lo concediera a Salva. Un fantástico gol con la izquierda. Un tanto oportuno. Un eficaz desatascador para obtener la rendición del Mallorca, que se queda con más de pie y medio en Segunda División. Al equipo balear le entró la flojera, abrió la puerta de la empalizada y levantó la bandera blanca. Fue tal su rendición que en los últimos minutos el Atlético, ya frente a nueve contrarios, consiguió la mayor goleada de la temporada.
ATLÉTICO 4 - MALLORCA 0
Atlético: Leo Franco; Velasco (Molinero, m. 66), Pablo, Perea, Sergi; Ibagaza (Nano, m. 60), Luccin (Sosa, m. 77), Colsa, Gronkjaer; Salva y Torres.
Mallorca: Moyà; Cortés, Ramis, Ballesteros, Iuliano, Tuni (Melo, m. 70); Pereyra, Farinós (Poli, m. 79); López (Campano, m. 60); Correa y Luis García.
Goles: 1-0. M. 26. Jugada de Ibagaza que la deja de tacón para Colsa y con un fuerte disparo marca tras tocar en Salva. 2-0. M. 59. Torres, de penalti. 3-0. M. 86. Molinero centra desde la derecha y Salva, con la zurda y de volea, fusila a Moyà. 4-0. M. 87. Salva marca a placer tras un pase de Gronkjaer.
Árbitro: González Vázquez. Amonestó a Luccin, Pereyra y Tuni. Expulsó a Ballesteros (m. 58) y Iuliano (m. 76) por doble amonestación.
Unos 45.000 espectadores en el Vicente Calderón. Desde el Frente Atlético tiraron un par de bengalas y un petardo después del gol de Colsa.
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Sin embargo, en el Mallorca hay buenos jugadores. Tuni, por la izquierda, por ejemplo, o el ex atlético Correa, a quien Luis Aragonés siempre le envidió sus condiciones, pero no su fragilidad mental -el delantero uruguayo ha estado una gran parte del campeonato sancionado por consumo de cocaína-, Jorge López, bueno en el uno contra uno, o el potente y a la vez habilidoso Luis García. Entre los cuatro fabricaron alguna ocasión de gol, siempre en el primer tiempo y ayudados por las dudas de Leo Franco, que empezó el partido un tanto descentrado.
El Atlético ya tiene su ritmo. Su ritmillo, mejor dicho. El equipo dirigido por César Ferrando ha descubierto que tiene un número suficiente de jugadores más que correctos en el césped como para idear soluciones mejores que el pelotazo a Torres. A Ferrando, que se ha quejado en voz alta de esa tendencia, le ha costado, pero parece que ha convencido a los demás futbolistas de que no sólo el joven internacional sabe qué hacer con la pelota. Así, sin desplegar un juego del todo luminoso, redondo, el espectáculo resulta mucho más lucido que en campañas precedentes. Avanza el Atlético con cierta pesadez, pero con seguridad, ora con Luccin, ora con Colsa, basculando la pelota de una banda a otra. No es que el balón se mueva a una velocidad infernal, pero las jugadas concluyen en algo positivo para los rojiblancos. Salva se ocupa del trabajo sucio en el área -aparte de su ayer abundante aportación goleadora- y Torres, algo individualista, de los balones al hueco.
Eso, cuando le toca tener la pelota. Porque cuando realmente tiene personalidad el Atlético es cuando se queda agazapado esperando su oportunidad. Entonces sí es rápido. Fernando Torres tuvo nada más empezar el segundo tiempo una ocasión a puerta vacía que cruzó demasiado. La operación se había armado en segundos. El mismo tiempo que necesitó el conjunto madrileño para repetir fotograma a fotograma la acción, pero esta vez concluyendo en penalti sobre Torres. Lo marcó él mismo de un ajustadísimo tiro al palo izquierdo.
El Mallorca se fue desintegrando, deshaciendo, según sus jugadores se iban convenciendo de lo imposible de la misión. El conjunto balear tiene una plantilla mejor de lo que reflejan sus números. Pero no tiene fe. El Atlético, por el contrario, la va encontrando.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005