El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, visitó tres países europeos en febrero para escenificar su voluntad de tender puentes en este segundo mandato. Su secretaria de Estado, Condoleezza Rice, le había precedido con una gira por nueve capitales. Y a las que faltan ha venido su número dos, Robert Zoellick. El subsecretario de Estado de Estados Unidos, de 51 años, llegó el sábado a España, donde el Gobierno intenta cerrar las heridas abiertas en su relación con Washington tras la retirada de tropas de Irak. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se había interesado en recibirle -según fuentes de la Embajada- y fue su anfitrión durante dos horas en La Moncloa.
"Lo importante es cómo quiere usar España su influencia en Venezuela. Nos preocupa, y así se lo he dicho"
"Con Zapatero he tenido puntos en común y discrepancias, también sobre Latinoamérica"
"Lo que me sorprende es que la gente esté en desacuerdo con EE UU. La historia juzgará"
"Normalmente las potencias quieren preservar el 'statu quo'. Pero EE UU busca el cambio"
Pregunta. ¿Cuál es su impresión de Zapatero tras este encuentro?
Respuesta. El presidente ha tenido la gentileza de dedicarme todo este tiempo en un fin de semana, y se lo agradezco. Me ha dado verdaderamente la oportunidad de conocer mejor sus prioridades. El ministro de Exteriores fue muy amable y pudimos hablar de varios temas. Por supuesto, él va ir a Washington dentro de poco. Pero el presidente disfrutaba de su primer día en casa después de mucho tiempo, así que fue muy generoso. Hablamos sobre todo de terrorismo y Oriente Próximo, pero también de Latinoamérica. Me permitió conocer sus perspectivas sobre el tema, y tuvo la amabilidad de escuchar mis respuestas y compartir mi opinión en algunos casos. Eso es lo que hicimos.
P. ¿La retirada de tropas españolas de Irak, es ya un asunto olvidado?
R. Vamos a partir de los principios fundamentales. España es un aliado. Es un socio. Tenemos muchos intereses comunes. Siempre va a ser así, independientemente de quién esté en el poder, tanto en España como en Estados Unidos. Con el ministro de Exteriores he hablado de alguno de esos elementos fundamentales: nuestra cooperación en Afganistán, la lucha contra el terrorismo. Respecto a Irak, por supuesto, existen enormes diferencias de opinión. Y supongo que esas diferencias van a continuar siendo visibles. Pero en lo que nos centramos fue, sobre todo con el primer ministro, en su interés por las prioridades de la lucha antiterrorista y los esfuerzos llevados a cabo en España. En este aspecto estamos colaborando muy estrechamente con España. Nuestro responsable de Justicia estuvo aquí no hace mucho e invitó a los ministros de Justicia e Interior a visitar Estados Unidos, y yo he reiterado la invitación. Con el ministro de Exteriores he hablado de hacia dónde parece encaminarse el proceso de Irak y sobre el reconocimiento, por parte de mucha gente en todo el mundo, del valor del pueblo iraquí -alrededor de ocho millones de personas- que fue a votar en situaciones en las que se jugaban la vida. Cuando se constituya el Gobierno, aparte del interés en entrenar a las fuerzas iraquíes, otra parte importante será el proceso de reconstrucción. Con el presidente discutí sobre el proceso general de cambio en Oriente Próximo. Como sabe, es un gran defensor de los derechos de la mujer. Hablamos de que el proceso de apertura en Afganistán y otros países está dando a las mujeres de las sociedades islámicas una oportunidad de participar. En conjunto, compartimos ciertos puntos de vista y tenemos ciertas diferencias, igual que al hablar de Latinoamérica.
P. ¿La relación con Chávez y Castro es una nueva fuente de conflicto entre nosotros?
R. Tanto el ministro como el presidente han explicado algunos de los intereses económicos que han intervenido como factores en su visita a Venezuela. Sabemos que España tiene lazos muy estrechos con Latinoamérica. Lo importante, ahora, es saber cómo se va a emplear esa influencia. He expresado mi preocupación por el posible riesgo representado por Chávez. Es evidente que el presidente procede de una tradición democrática muy sólida en España. Me contó que la primera vez que votó fue a favor de la Constitución española. Por tanto, no hay duda de que es muy consciente de la importancia del imperio de la ley y los derechos humanos. En mi opinión, el reto para España, dadas sus relaciones con Venezuela, Colombia y otros países, es que utilice su influencia para bien. Le dije que sé que, en Latinoamérica, muchos países consideran a España como una fuerza fundamental, en lo político, lo económico y lo cultural. Es decir, la influencia española y la forma de emplearla son dos cosas muy importantes. Pero ésos son aspectos sobre los que tendrá que decidir el Gobierno español. ¿Nos preocupan? Sí, nos preocupan, y así lo he hecho saber.
P. ¿Cuándo será bienvenido Zapatero en la Casa Blanca?
R. No sé qué visitas hay planeadas. Sé que el ministro de Exteriores tiene previsto venir a mediados de abril, y hablamos un poco de su viaje.
P. El informe encargado por Bush ha concluido que EE UU estaba "completamente equivocado" sobre Irak. ¿Cuáles son las lecciones de Irak para el futuro?
R. No creo que el informe dijera que Estados Unidos se equivocó por completo sobre Irak. Creo que la prueba son los ocho millones de iraquíes que van a poder vivir por primera vez en una sociedad libre. Una de las cosas de las que hablé con el presidente fue que, en contra de lo que muchos opinaban, incluso hace sólo unos años, las elecciones en Afganistán, en Irak, en los territorios palestinos, el movimiento popular en Líbano, indican que, en cualquier cultura, la gente tiene anhelo de libertad, como lo tuvo en España hace no tantos años. Es importante que Europa y Estados Unidos, juntos, apoyen ese proceso de libertad. Desde una perspectiva histórica, creo que tal vez están evolucionando algunas opiniones en Europa sobre las posibilidades de cambio. Respecto al informe sobre los fallos de los servicios de inteligencia, creo que la lección está muy clara: la tarea que debemos realizar en Irán y Corea del Norte es ser capaces de obtener informaciones acertadas.
P. ¿Usted está convencido de que la llamada primavera árabe es consecuencia de la acción de EE UU?
R. Creo, sobre todo, que los grandes acontecimientos tienen múltiples causas. Y que, en cualquier caso en el que unas personas valientes actúan para lograr sociedades más abiertas, el primer impulso debe surgir de las personas y del interior de las sociedades. También opino que las fuerzas exteriores pueden ayudar y apoyar. ¿Ha tenido algo que ver Estados Unidos? Sí. ¿Ha tenido algo que ver la gente afectada? Por supuesto que sí. Y, en definitiva, es cosa de ellos. En varias etapas de este viaje he hablado sobre las formas de apoyar la apertura económica. Como responsable de comercio, durante los cuatro últimos años, vi que los reformistas que intentaban adaptarse a la globalización y tener economías más abiertas eran también, con frecuencia, los más dispuestos al imperio de la ley. Y ahí es donde España y EE UU, junto con otros países europeos, tienen intereses comunes.
P. Gran parte de la opinión pública mundial piensa que EE UU es una fuente de inestabilidad en el mundo. ¿De quién es la culpa?
R. En casi todas las etapas de la historia, si hay una potencia dominante, ese poder suele querer mantener el status quo. Le gusta la situación tal como está. Pero lo que sorprende a la gente es que, aunque EE UU es la potencia dominante, no es una potencia de status quo. Es una potencia que fomenta y estimula el cambio. Es muy interesante. En Europa oigo hablar de estabilidad, como dice. En Estados Unidos, oigo hablar de libertad. Llevar la libertad a sociedades que no son libres crea inestabilidad, supongo. Pero también crea oportunidades y libertad. Se puede decir que el Este de Europa era estable antes de 1989. El proceso de cambio siempre es una amenaza para las viejas clases dirigentes.
P. ¿Qué piensan hacer para contrarrestar esta opinión contra EE UU? ¿O no les importa?
R. La historia emite sus juicios a más largo plazo. Y la historia juzgará si estos movimientos en favor de la apertura y la libertad son importantes o no. Confío en que esos juicios apoyen este rumbo. Lo que me llama la atención es que, como dice usted, la gente esté en desacuerdo con Estados Unidos. Existen muchos vínculos entre Europa y Estados Unidos. Con España tenemos varios desacuerdos, y vamos a discutirlos; nos vamos a comprometer a ver la perspectiva del otro. Pero también hay discrepancias dentro de Europa. Es decir, fundamentalmente, esto no es un concurso de popularidad inmediata en las encuestas. Se trata de emprender un rumbo que consideramos el justo y necesario.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005