Para los primeros meses de 2006 está prevista la apertura de las nuevas instalaciones de la terminal 4 (T4) de Madrid-Barajas, la mayor instalación aeroportuaria de España. Esta nueva terminal, que pretende desahogar el tráfico aéreo que sufren las actuales instalaciones, ha costado 6.000 millones de euros y afectará directamente a 30.000 trabajadores.
Iberia es la principal adjudicataria de las nuevas instalaciones, en las que también serán reubicadas otras 28 compañías. Dará servicio a 70 millones de pasajeros al año (18.000 cada hora), con 174 mostradores, 85 tiendas, 34 restaurantes y 38 pasarelas. Las obras, dentro del Plan Barajas, duplicarán la actual capacidad del aeropuerto, uno de los más importantes de Europa, permitiendo realizar 120 operaciones cada hora.
Pero detrás de las imponentes cifras se esconde un problema grave. El acceso al que a partir del año que viene se convertirá en el mayor nudo aeroportuario de Europa va a ser complicado. Las peleas entre el Ministerio de Fomento y la Comunidad de Madrid por ver quién construye las infraestructuras de transporte necesarias han dejado prácticamente incomunicada a la nueva terminal por transporte público, salvo que lo que se elija para moverse sea el taxi.
Ambas administraciones llevan meses enfrentadas y cruzándose acusaciones. Esperanza Aguirre acusa a Fomento de no invertir en Madrid y de tener a la región "asfixiada". El PSOE defiende que las inversiones de Fomento en Madrid han subido un 7%, en contra de lo que dice el PP. La presidenta regional estuvo ausente, además, de un reciente encuentro entre la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón (PP), donde se habló de las infraestructuras que necesita la capital.
La pelea tiene uno de sus puntos álgidos en la comunicación con las nuevas instalaciones del aeropuerto madrileño. La Comunidad fue la Administración que construyó el metro hasta Barajas, con el fin de unir el centro financiero de la capital con el aeropuerto, que se puso en marcha en mayo de 2002. Pero el metro sólo llega hasta la actual terminal de Barajas (en realidad tres terminales en un mismo edificio). Y esto, a pesar de que en 2002 ya se sabía que Barajas iba a crecer.
El Gobierno regional, de Esperanza Aguirre (PP), siempre ha defendido que esa obra la tiene que acometer el Gobierno central. "La Comunidad de Madrid no se opone a tal actuación
[la prolongación del metro a las nuevas instalaciones], siempre que sea financiada por Fomento. El objetivo de esta nueva infraestructura es dar un servicio interno al aeropuerto, de cuyas competencias es titular el Gobierno central", justifican fuentes del Ejecutivo regional. "Construir un metro y pagarlo es competencia de las comunidades autónomas", replican desde el Ministerio. Fomento, tanto en la etapa de Francisco Álvarez-Cascos (PP) como ahora con la socialista Magdalena Álvarez, siempre ha mantenido que la construcción del metro a Barajas es responsabilidad de la Comunidad. Aguirre siempre ha dado un no por respuesta.
Entre unos y otros, la casa sin barrer. La distancia que habría que prolongar para acercar en metro las antiguas terminales a la nueva es de algo más de dos kilómetros. "No entiendo cómo la Comunidad, en un presupuesto de 4.000 millones, no encuentra 75 millones, que es lo que cuesta prolongar el metro hasta la terminal", aseguró en una ocasión la ministra Magdalena Álvarez.
El Gobierno regional, en cambio, quiere que Fomento pague la obra y que, una vez que esté lista, "pase a formar parte de la red general de Metro de Madrid". En medio de la guerra, la Comunidad sólo ha dejado una puerta abierta: construirá la prolongación del metro si la capital es elegida finalmente sede de los Juegos Olímpicos. La ministra e incluso el alcalde de la ciudad han requerido a Aguirre para que construya la conexión de metro con olimpiadas "o sin ellas". Precisamente, una de las bazas que maneja la oficina olímpica madrileña es la de que la futura Villa Olímpica está a cinco kilómetros del aeropuerto.
La última propuesta para llevar el transporte público hasta la ampliación de Barajas partió hace unas semanas de Fomento. "Consiste en la construcción de una línea de ferrocarril de ocho kilómetros que unirá la estación de Chamartín (en el norte de la capital) con Barajas y conectará con el AVE", explican fuentes ministeriales. El Gobierno central tiene previsto invertir 200 millones en esa línea de Cercanías, más del doble de lo que costaría prolongar la actual línea de metro. Además, como muy pronto, el tren no estará listo hasta el año 2012, seis años después de que millones de personas estén transitando por los pasillos de la nueva terminal de Barajas.
Por carretera, los accesos tampoco se presentan fáciles, salvo que el conductor esté dispuesto a tomar una de las autopistas de peaje previstas. La ley obliga a que haya vías de paso gratuito, pero esta opción supone dar un rodeo considerable. Además, todas las rutas exentas de pago confluyen finalmente en las actuales terminales.
La autopista de peaje prevista está siendo acometida por Fomento y se divide en dos tramos, ambos conectados y con acceso directo a la nueva terminal. Los carriles centrales serán gratuitos, mientras que los laterales serán de pago. Los carriles de pago tienen acceso directo con la terminal, mientras que los centrales no. El peaje costará, como mínimo, 1,20 euros.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005