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Editorial:

Homenaje mundial

No por previsible la muerte de Juan Pablo II ha dejado de provocar un enorme impacto. Desde la noche del sábado, el mundo rinde un emocionado homenaje al fallecido Pontífice desde los más diversos ángulos políticos, religiosos o sociales. Al primer Papa eslavo de la historia se le elogia sobre todo como defensor de la paz y de la dignidad de los más desfavorecidos. Independientemente de ideologías o creencias, de las críticas y no pocas perplejidades que han suscitado durante sus 26 años de pontificado su firmeza dogmática y su obstinado conservadurismo en cuestiones sexuales, nadie se ha sentido indiferente a su desaparición física. Las autoridades italianas calculan que hasta dos millones de fieles y una pléyade de gobernantes de todo el mundo se preparan para asistir a sus funerales, todo un reto para la seguridad.

Nunca antes la muerte de un Papa había causado una conmoción tan universal. Ni siquiera la del popular Juan XXIII, en 1963, o la del intelectual y dubitativo Pablo VI, en 1978, artífices ambos del Concilio Vaticano II, que modernizó las estructuras de la Iglesia católica. Resulta casi imposible recordar semejante tributo mundial a cualquier otra personalidad política, civil o religiosa. Rebasa ampliamente la emoción, el dolor y el afecto expresados tras la muerte de Teresa de Calcuta, Gandhi o John F. Kennedy. Para el catolicismo, y muy especialmente para su cúpula cardenalicia, el final de este papado abre un enorme vacío difícil de llenar. Un reto que los 117 cardenales electores deberán afrontar cuando se reúnan en cónclave en la Capilla Sixtina en menos de tres semanas.

Juan Pablo II pasa a la historia como un protagonista decisivo en el derrumbe del comunismo en Europa. En primer lugar, en su Polonia natal, a la que antes de morir quiso enviar un telegrama de cariño y donde misas y concentraciones multitudinarias se celebraron ayer. "Tenemos una deuda con él. Polonia no hubiese sido libre sin un Papa polaco", ha afirmado el presidente Kwasniewski. No se puede ser más explícito. Como tampoco lo ha podido ser más Gorbachov, el padre de la perestroika, al reconocer su aportación al final de la guerra fría, o el canciller Schröder al aplaudir sus esfuerzos para la reunificación de Alemania. Bush, Putin, Chirac, Blair, Zapatero, todos coinciden en señalar su liderazgo moral, su entrega en la lucha de las causas justas y su valor como referente histórico.

Juan Pablo II criticó la reciente guerra en Irak, y así se lo reiteró al presidente de EE UU durante su último encuentro el pasado año en Roma. Su labor para acercar a judíos y árabes también mereció ayer el amplio reconocimiento en Oriente Próximo. El israelí Sharon, el egipcio Mubarak y el palestino Abbas destacaron su dedicación a la paz. Su memoria fue honrada en África y Asia, continentes abrumados por la pobreza y que Juan Pablo II visitó en repetidas ocasiones. El mundo rinde homenaje al Papa que se ha ido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005