Como estaba previsto, Anoeta se llenó; como se esperaba, Donostia casi agota sus plazas hoteleras (al 85%); como se aseguraba, la Parte Vieja no dio abasto. Y no había fútbol, ni derbies radicales de los mejores tiempos, ni congresos. Ni era por la campaña electoral (que mueve a las masas muy ligeramente), ni por las vacaciones (ya pasadas). Era el rugby. Era el triunfo del balón ovalado frente al redondo. Por una vez, lo que en el fútbol se llama mandar un melón (un mal pase), era una bendición deportiva.
El Biarritz Olympique se enfrentaba en cuartos de final al Munster irlandés, dos de los clubes cuyas ciudades llevan el rugby en las venas. Basta darse cuenta de que Biarritz tiene 32.000 habitantes y ayer tenia en Anoeta unos 14.000 seguidores en los asientos que el sábado poblaban, en menor medida, los seguidores de la Real (y algunos de Osasuna).
El fútbol y el rugby difieren en muchas cosas (además de la teoría del melón). Sus aficiones son distintas. En el rugby prevalece el sentido de pertenencia sobre al matiz de la diferencia. 14.000 franceses y unos 8.000 irlandeses convivieron sin problemas, sin insultos, en las horas previas al partido en la controvertida Parte Vieja antes de que se iniciara el encuentro de cuartos de final (a partido único) que elegiría un semifinalista para la Copa de Europa (Heineken Cup).
La rivalidad era una cuestión coral, reservada a un Anoeta abarrotado donde unos cantaban en euskera y desplegaban pancartas enormes y otros (los irlandeses) compaginaban el Sinne Fanna Fail (himno oficial irlandés) con el Fields of Athenry (himno extraoficial), dentro de un repertorio más amplio.
Para Donostia, el rugby ha sido un gran negocio. Para el Biarritz aún más su estadio, Aguilera, era incapaz de acoger tal movimiento de personas y Anoeta le ha dado dinero y ha ampliado sus fronteras, aunque a su presidente, Marcel Martin, nada le extrañara en el desplazamiento: "Nuestro equipo se llama Biarritz Olympique País Vasco y Anoeta, que yo sepa es País Vasco". Y además ganó (19-10). Y está en semifinales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005