Me sorprende la sorpresa producida por la invasión del mercado europeo o americano por los productos textiles chinos. China no es Andorra. Su industria textil tiene que atender a un mercado de 1.300 millones de habitantes. Añadir a ese mercado potencial el que puede representar los Estados Unidos y Europa debe ser casi pecata minuta. Si sumamos los europeos y los americanos nos faltan aún varios cientos de millones para alcanzar 1.300.
Cuando hablemos de China tenemos que acostumbrarnos a la potencia que le da su pasividad. Esto lo aprendí en un viaje que hace ya muchos años realicé. Tenemos que prever que el textil es sólo un ejemplo. Pronto vendrán otros no menos arrolladores.
¿Servirán las reglas del sistema actual, el pretendido libre comercio, para encajar la tromba masiva del llamado Tercer Mundo emergente? Lo dudo. Nuestro sistema está diseñado para proteger, en primer lugar, a "los paniaguados".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de abril de 2005