El consejero delegado de Bayer España, Francisco Belil, advirtió ayer de que su antigua filial Lanxess, escindida del grupo hace unos meses, "tiene que jugar bien sus cartas" si quiere continuar su actividad en Tarragona.
La empresa está realizando una auditoría interna para resolver si cierra su planta tarraconense, con 240 empleados, o la de Dormagen (Alemania). El pasado ejercicio, Lanxess perdió 0,6 millones frente a los 4,7 millones de beneficio de 2003.
Lanxess es el fruto de la segregación del negocio de la química clásica y parte de la de polímeros. El pasado 1 de mayo, los empleados protestaron por esta situación. Belil dijo que en el "peor de los escenarios" -que Lanxess de Tarragona cerrara-, Bayer España no "tendría ni sentiría" la obligación de recolocar a los empleados, aunque matizó que "en igualdad de condiciones, y si Bayer necesitara gente", optaría por contratarlos. "Bayer nunca garantizó su continuidad", señaló.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2005