Ya no veo como antaño a controladores en las cabeceras de autobuses urbanos de la EMT, en cambio, sí que les oigo dar instrucciones a conductores por interfonía. La otra tarde subimos varios viajeros al autobús tras 20 minutos de demora. Al poco rato oigo como el controlador de turno le manda a nuestro conductor descargar y seguir de vacío hasta ajustarse a horario. Lástima que el autor de la orden no diera la cara al público y fuera el conductor el que debiera afrontarlo.
Por humanidad, el conductor no cumplió del todo la orden y, aunque no cargó, sí que nos dejó más o menos cerca de donde íbamos. Mal papel el del controlador de la EMT, sólo preocupado de ajustar horarios. ¿Con eso qué resuelve: dar en la línea las vueltas que tuviesen previstas?
Pero, ¿no es la finalidad de la EMT, como servicio público, facilitar la movilidad ciudadana? Pues creo que dando vueltas y vueltas de vacío no se conseguirán otros fines que no alcanzo a comprender, y sí el de cabrear aún más al usuario como hubiera conseguido la otra tarde de no ser por el buen hacer de aquel conductor.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2005