Curiosa manía la de nuestros políticos, da igual del partido que sean, para tratarnos a los ciudadanos como si fuéramos menores de edad. Ahora resulta que el Ayuntamiento de Madrid anuncia que dispensará gratuitamente la píldora poscoital a las chicas de entre 10 y 20 años que lo soliciten y sólo con la opinión positiva de un médico.
Aspiro y deseo que si una de mis cuatro hijas comprendidas en esas edades pasara por esa situación, me lo cuente con total naturalidad. Y seremos mi marido, mi hija y yo los que decidiremos cómo actuar.
Dispensar esa píldora sin el consentimiento de los padres es un claro abuso de autoridad, un atropello a los derechos de los padres y una ilegítima intromisión en decisiones personales e íntimas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2005