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Editorial:

En pequeñas dosis

Tal como estaba previsto, la Reserva Federal estadounidense (Fed) subió el martes el tipo de referencia sobre los fondos federales (los de corto plazo) en un cuarto de punto, hasta el 3%, debido fundamentalmente al repunte de la tasa de inflación (el 3,1% inter-anual). La decisión de Greenspan -la octava subida desde junio de 2004- camina a contracorriente de los indicios de desaceleración de la economía, aunque está suficientemente descontada por los mercados.

Los inversores y analistas entienden que el factor decisivo en el proceso de encarecimiento del coste del dinero en EE UU es precisamente su predecibilidad. Se trata de subidas repetidas, a intervalos regulares, paso a paso, de un cuarto de punto como máximo, que pueden ser asimiladas fácilmente por las empresas y no interfieren ostensiblemente en los factores de crecimiento económico. El camino elegido por el presidente del máximo órgano monetario estadounidense insistirá en esta característica de transparencia y predecibilidad, de forma que los mercados estén en disposición de conocer de antemano, con aproximaciones razonables, cuál será la escalada de los tipos en los próximos 12 meses.

La Reserva Federal puede justificar razonablemente la subida en el riesgo inflacionista, en la hipótesis de que el precio del petróleo puede propagar una espiral de aumento de precios y en la confianza de que el crecimiento económico no resultará dañado por las subidas de tipos en dosis homeopáticas. El caso de Europa es bien distinto. La inflación es más baja, el precio del petróleo resulta convenientemente amortiguado por la cotización del euro respecto al dólar y, además, las economías europeas se mueven en crecimientos muy bajos. Esto explica la decisión ayer del Banco Central Europeo de mantener el tipo básico en el 2%.

Una subida resultaría contraproducente, al menos durante 2005. De ahí que la controversia entre el ministro de Economía español, Solbes, y el director del FMI, Rato, parezca algo desenfocada. Solbes vaticinó el martes una próxima subida del precio del dinero en la UEM, pero es poco probable que esto suceda a corto plazo -salvo catástrofe- por las razones expuestas. Ahora bien, la percepción de fondo del ministro es correcta, puesto que no se puede mantener permanentemente una política de tipo de interés cero o negativo. La suposición de Rato de que no es descartable que el BCE baje los tipos, por el contrario, aunque responde a la lógica de la situación -las economías alemana y francesa agradecerían tipos más bajos-, también es improbable. El tiempo de abaratar el dinero ya pasó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 2005