La actuación de Ainhoa Arteta en la ópera de Chaikovski estuvo rodeada de la expectación que despiertan siempre las divas y que excede de lo que es el puro canto para atender también al atractivo físico, el vestido, la elegancia gestual, etc. La soprano vasca, cuya voz siempre ha sido preciosa, también ha conseguido notas muy altas en esos otros aspectos. Cosa distinta es que montara a veces recitales programados para esforzarse poco y conseguir aplausos fáciles. En esta ocasión, sin embargo, abordó un papel complejo como el de Tatiana, y lo abordó muy bien, por lo que el éxito fue total y los aplausos merecidos. La facilidad para la emisión, que parece surgir y "flotar" en el aire sin esfuerzo alguno, la homogeneidad de registros, las delicadas sfumature, el fraseo natural, y la resistencia ante una orquesta que parecía empeñada en taparla (por ejemplo, en la famosa escena de la carta) fueron logros indudables en la actuación del sábado. Vladimir Chernov, en el personaje que da nombre a la ópera, exhibió también un atractivo instrumento y una indudable presencia escénica, aunque en su caso -sobre todo en el último acto, cuando estaba lógicamente más cansado- la orquesta sí que lo tapó varias veces. Tanto el barítono como la soprano "actuaron" en la medida que lo permite una versión de concierto, pero ambos, a pesar de un correcto enfoque de los papeles representados, se dejaron en el tintero buena parte del dolor que subyace en los personajes de Oneguin y Tatiana. Steve Davislim sí que consiguió transmitir con sinceridad -y, por lo tanto, conmovernos con ello- los conflictos que se desarrollan en el ánimo de Lenski, luciendo además un bonito color en toda la franja central. Los agudos fueron más problemáticos. Paata Burchuladze, con voz de potencia considerable, fue quizá el único que se sobrepuso sin problema alguno a la orquesta. Los solistas restantes cumplieron correctamente su papel, pero el Coro de Valencia tampoco tuvo su mejor día, áspero de sonido y tendente al grito.
Eugenio Oneguin (versión de concierto)
Ainhoa Arteta, Vladimir Chernov, Marina Rodríguez-Cusí, Steve Davislim, Paata Burchuladze, Nina Romanova, Anne Collins, Pierre Lefebvre, Lluís Martínez, Salvador Giner, Antonio Lozano. Cor de la Generalitat Valenciana. Orquesta de Valencia. Director: Miguel A. Gómez-Martínez. Palau de la Música. Valencia, 4 de junio de 2005.
Respecto a la orquesta, parece que Miguel A. Gómez-Martínez olvida a veces que, en el Palau, no la tiene en el foso, sino detrás de los solistas y que en este auditorio los planos traseros siempre se escuchan algo sobrevalorados. Por otra parte, el fatalismo que destila toda la partitura quedó aparcado por algún sitio, incluso al trabajar esa especie de "idea-fija" que constituye la primera frase del preludio, recorriendo luego los tres actos de la ópera. La orquesta tenía la misión de hacer intuir al oyente que el final feliz estaba excluido. Pero se lo quitó cómodamente de encima.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2005