Las cerezas son hoy, aparte de un artículo de lujo, una fruta que suele consumirse de postre. No hace mucho tiempo, y todavía en algunas poblaciones del norte de Cataluña, la fruta cumplía alguna función más: Se comían frescas y confitadas; servían para elaborar licor y, cuando quedaba poco, se mezclaba con vino blanco para servirlo como aperitivo; con los cabillos (pequeñas ramas de las que cuelgan) se hacían infusiones diuréticas, y los huesos se dejaban secar y se almacenaban para encender las estufas en invierno.
El profesor de Farmacia de la Universidad de Barcelona, Joan Vallés, puso el caso como ejemplo de una "gestión inteligente de la naturaleza", y lo utilizó también para explicar qué es la etnobotánica, en la conferencia que impartió la semana pasada en el Jardí Botànic de Valencia.
Para Vallés, la disciplina es "un punto de encuentro entre las ciencias naturales y las ciencias humanas". Una materia que combina entre otras ciencias la arqueología; la sociología; la historia; la agronomía; la toxicología; la etnología; la geografía y la botánica. Y que puede definirse también como el estudio de las costumbres y los conocimientos tradicionales sobre las plantas.
Industria farmacéutica
La etnobotánica, dijo el profesor, es poco conocida en España, pero la disciplina surgida en la década de los setenta, viene ganando importancia desde la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, de la que salió el Tratado de Biodiversidad de Naciones Unidas. Su desarrollo es importante en países como México o la India, y muy provechoso para las compañías farmacéuticas que organizan "grandes campañas etnobotánicas en zonas tropicales".
Como cualquier ciencia, la etnobotánica posee normas de procedimiento y clasificación. Y su principal herramienta metodológica son las entrevistas personales, generalmente a personas de edad avanzada, que conservan la memoria popular. Igual que los empleados de la industria farmacéutica, los investigadores del grupo de Vallés preguntan a los ancianos sobre cuántas plantas conocen, cuáles utilizan y para qué. Algunos de esos conocimientos pueden terminar en fármacos, "como ocurrió con la aspirina".
El trabajo de los etnobotánicos debe ser rápido, explicó el profesor porque las fuentes de conocimiento -principalmente los ancianos- van desapareciendo. O sufren un proceso de "aculturación", término que Vallés utilizó para referirse a la pérdida de esos conocimientos o a la confusión de los mismos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2005