Isidro Nozal fue, hace dos años, una novedad poderosa y emotiva en la Vuelta a España. Nozal, cántabro, se dejaba llevar por los sentimientos cuando ganaba -y se abrazaba a su director, Manolo Saiz, y se juntaban sus lágrimas y sus sudores después de sus victorias en las contrarreloj de Zaragoza y Albacete- y cuando perdía. Triste, solo y hundido acabó aquella Vuelta de 2003 que perdió ante Roberto Heras en la cronoescalada del penúltimo día en Abantos. Terminada aquella Vuelta, Nozal volvió a sus orígenes. Volvió a su trabajo impagable de gregario, a subir botellines, a prestar su rueda a los líderes, su bicicleta. Dejó de ganar carreras, pero no dejó de ser un ciclista sentimental y emocionable como pudo comprobarse ayer en Aix les Bains.
A las 8 de la mañana, junto a todos sus compañeros del Liberty que participan en la Dauphiné Libéré, Nozal, de 27 años, se sometió a un control de hematocrito. Poco después supo el resultado. Era 52, superior al límite de 50 fijado hace varios años por la Unión Ciclista Internacional (UCI), lo que le hacía, inmediatamente, sospechoso de haber recurrido a la prohibida EPO para aumentar el número de glóbulos rojos, la cantidad de oxígeno que podía transportar su sangre y, por lo tanto, su rendimiento deportivo. Ese valor superior al permitido le supuso, de entrada, un shock emocional, su eliminación inmediata de la carrera y la pérdida de su licencia durante 15 días por razones sanitarias.
También le supuso la pérdida de su contrato con el Liberty, un equipo que hace unas semanas sufrió la misma peripecia con el corredor portugués Nuno Ribeiro, expulsado del equipo inmediatamente, pese a no dar positivo en ningún control antidopaje, en aplicación de la cláusula de tolerancia cero con el dopaje a la que todos los equipos del UCI ProTour se han comprometido esta temporada. Tal compromiso obliga, además, a todos los equipos del UCI ProTour a no contratar durante dos años a ningún corredor que se haya visto involucrado en un caso de dopaje.
Nozal no dio positivo en un control antidopaje. Su hematocrito simplemente era superior a la norma. En su cuerpo no se han encontrado restos de sustancias prohibidas, pero después de la rescisión del contrato de Ribeiro, a la dirección de su equipo no le quedó más remedio que aplicarle la norma. "Será un mal trago", dijo Manolo Saiz, director del Liberty, quien se declaró "perplejo" por el control. "Lo lógico es que mucha gente piense mal, pero nosotros no lo comprendemos", dijo Saiz, y relató que el 1 de junio, en un hospital de Oviedo, el hematocrito de Nozal era de 46, el mismo número que marcó el coulter (aparato de medición) del equipo en el análisis que le hicieron el viernes por la noche. Desde el comienzo de los controles de hematocrito, en marzo de 1997, médicos y dirigentes de equipos han mostrado sus dudas sobre la calibración de los aparatos portátiles utilizados por la UCI para la medición.
Tampoco comprendía todo lo que le ocurría Nozal, quien aligeró el trago a Saiz, su director de toda la vida, renunciando voluntariamente a su contrato con el equipo. "Quiero probar mi inocencia", dijo, sollozando, cuando le comunicaron la mala nueva. "Esto es lo único que puedo hacer por el equipo y por mis compañeros. Mientras tanto, renuncio a seguir en el equipo. Ya sé que está en juego mi carrera deportiva, pero tengo que esperar para demostrar que se han equivocado. Estoy convencido de que puedo demostrar mi inocencia, no pienso en otra cosa".
Nozal no pasó la tarde de ayer preparando y disputando el prólogo de la Dauphiné Libéré, como tenía previsto, sino en un vuelo directo Ginebra-Valencia. En el laboratorio de los doctores Montoro de la capital valenciana comenzará hoy mismo un largo proceso para intentar demostrar su inocencia, asunto que se antoja complicado. Todo el mundo cree que el viernes por la noche el hematocrito de Nozal era de 46, y todo el pundo podrá creer que su hematocrito puede ser hoy de 42. Pero nadie, tampoco la UCI, dudará de que ayer por la mañana, cuando contaba, era de 52.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2005