La moneda europea acusó la semana pasada la incertidumbre que se instaló en los mercados tras los rechazos francés y holandés al tratado constitucional de la Unión Europa. El euro acumula una depreciación de casi el 10% frente al dólar desde comienzos de año. Por el contrario, las Bolsas europeas no interrumpieron su tendencia alcista. Desde principios de mayo pasado, el Ibex 35 se ha revalorizado un 6%.
No por esperado el golpe fue menor. Entre el no francés del 29 de mayo pasado y el no holandés del pasado miércoles, el euro perdió un 3,21%. Se agudizó en ese intervalo la caída imparable que venía arrastrando desde el máximo que marcó el pasado 30 de diciembre, día en que se pagaron 1,3639 dólares por cada euro.
Según Antonio Villarroya, director de Estrategia de Renta Fija de Merrill Lynch, los operadores del mercado de divisas creen que la incertidumbre ante el futuro de la integración va a obstaculizar la toma de decisiones económicas en Europa: "La Unión Monetaria no se va a romper, pero el avance hacia la adopción de medidas de mayor flexibilidad se va a hacer más difícil y eso no ayudará al crecimiento económico", afirma.
Henrik Lumholdt, responsable de Estrategia de Inversis Banco, precisa que no sólo el euro ha bajado frente al dólar. Desde principios de año, la divisa europea ha perdido un 9,7% frente al dólar, pero también el yen ha caído un 5,3% y la libra un 5,5%. En el último mes, el retroceso de la divisa común ha sido del 4,9%, el del yen del 3,19%, el de la libra del 4,4%, y el del franco suizo, del 4,3%.
Pero el economista va más allá. "El mercado filosofa con la idea, aunque remota, de que un día un país o varios se planteen que no quieren seguir perteneciendo al euro. Esto es claro en el caso de Italia, que está en recesión técnica, una situación que antes se salvaba con devaluaciones competitivas", señala Lumholdt.
El margen de maniobra de la política fiscal italiana está agotado, por el límite de déficit público que impone el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y su política monetaria, al igual que la del resto de los miembros del euro, es dictada por el Banco Central Europeo (BCE).
Las declaraciones realizadas el pasado viernes por el ministro italiano de Trabajo, Roberto Maroni, perteneciente a la Liga Norte, en las que reclamaba una vuelta a la lira, dieron voz a quienes ponen en tela de juicio todo el proyecto monetario europeo.
A pesar de todo, el atractivo del euro frente al dólar tiene mucho que ver con el mayor crecimiento de la economía estadounidense frente a la europea. Y ello, a pesar del voluminoso déficit por cuenta corriente de Estados Unidos que, pese a todo, sigue siendo financiado sin problemas por los flujos de capitales procedentes de las reservas que acumulan los bancos centrales asiáticos.
Subida de tipos de interés
"Los tipos de interés en Estados Unidos están en el 3%, mientras que hace un año estaban en el 1%", dice Lumholdt. Por el contrario, las expectativas de subidas de tipos de interés en Europa se han difuminado, a la vista de la debilidad de las cifras macroeconómicas de la zona.
"El BCE podría plantearse incluso una bajada", dice Villarroya. El diferencial de tipos con Estados Unidos, inmerso en un ciclo de encarecimiento del precio del dinero desde junio de 2004, se ampliaría, con lo que los capitales tendrían aún más razones para seguir prefiriendo el billete verde frente a la divisa europea.
Por el contrario, la renta variable no ha seguido al euro en su descenso. Desde principios de mayo, el Ibex 35 se ha revalorizado un 6%. El fenómeno ha sido similar en el resto de las plazas bursátiles europeas. El indicador parisiense CAC 40 ha subido un 7% y el londinense FTSE 100 ha avanzado un 4% en ese mismo periodo. El indicador alemán DAX ha ganado un 8%.
"Tiene lógica", dice José Luis Martínez, estratega de la firma Citigroup en España. "Los referendos crean incertidumbre a largo plazo, pero a corto plazo los inversores valoran otras cosas", añade el experto. Entre ellas, por ejemplo, la posibilidad de que los gobiernos europeos que lo necesiten estén más predispuestos a aplicar políticas fiscales expansivas, si la coyuntura lo exige, a pesar de que ello implique forzar el techo de déficit a que obliga la pertenencia al euro.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2005