Pásate por el hospital Severo Ochoa. Allí, entre otros pacientes, te encontrarás a mi madre. Seguramente que ya no podrá acudir a la consulta del cardiólogo prevista para ese lejano 29 de marzo (adelantada al 27 de enero debido a mis súplicas). Sus males se han visto complicados por una pequeña embolia que la ha ocasionado una parcial pérdida de razón.
Y digo parcial por dos razones: la primera, porque aún me reconoce; la segunda, porque percibe su inmenso sufrimiento y repite incansable: "No hay derecho; que la hagan vivir a una cuando no quiere". Yo, sinceramente, no me considero capacitado para explicárselo. Por eso pido tu colaboración. Podrías venir y decirla, por ejemplo: "Mira, Carolina, mi Dios te ha puesto en este mundo para que sufras". Seguro que eso la haría sufrir felizmente. Ven, Lamela: pasa y disfruta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de junio de 2005