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Necrológica:

Patrick Gray, ex director del FBI procesado por el escándalo Watergate

L. Patrick Gray, el director en funciones del FBI durante el estallido del escándalo Watergate, falleció ayer en Atlantic Beach (New Hampshire) a los 88 años, víctima de un cáncer.

Su nombre ha sido uno de los más repetidos en la prensa estadounidense a lo largo del último mes puesto que Gray ejerció durante un año como jefe de Mark Felt, ex Garganta Profunda, el hombre clave en la caída del presidente Nixon, cuya reciente salida del anonimato acabó con el secreto mejor guardado de la historia del periodismo norteamericano.

Su fidelidad ciega hacia Nixon y las acusaciones de haber obstaculizado las investigaciones del caso Watergate obligaron a Gray a dimitir en 1973, acabando con sus aspiraciones de convertirse en el emperador oficial del FBI y dinamitando para siempre su carrera política.

Gray, quien sirvió durante más de veinte años en la Armada estadounidense, llegó a la cima del FBI en 1972, tras la súbita muerte de su primer director, J. Edgar Hoover. Era un fiel acólito del presidente Nixon, para el que trabajó durante su primera campaña por la presidencia en 1960 y con quien se volvió a reencontrar tras la llegada del republicano a la Casa Blanca en 1968. En la nueva administración trabajó primero como asistente ejecutivo del secretario de Salud, Educación y Seguridad Social y formó parte del Comité contra la Segregación. En mayo de 1972 estaba pendiente de que el senado aprobara su nominación como segundo del Fiscal General cuando J. Edgar Hoover murió improvisamente.

Nixon le nombró director en funciones del FBI y pocas semanas después The Washington Post destapaba el caso Watergate, acusando al partido republicano de haber puesto escuchas en la sede del partido demócrata.

Las investigaciones de los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein llevaron a la dimisión del presidente Nixon en 1974. Pero desde el estallido del escándalo hasta la caída del republicano, todos los hombres poderosos dentro del FBI se convirtieron en sospechosos de estar filtrando informaciones a los periodistas.

Mark Felt, el número dos de la agencia, era uno de ellos. Sin embargo Gray siempre le protegió, se negó a despedirle, rechazó someterle a un examen con detector de mentiras e incluso le puso a cargo de la investigación que el propio FBI abrió respecto al caso. Cuando Felt desveló el mes pasado en la revista Vanity Fair que él había sido la fuente anónima de las informaciones publicadas por The Washington Post, Gray aseguró durante una entrevista estar profundamente conmocionado. "Ha sido un shock, no me lo podía creer. Me engañó. Ha sido un golpe muy duro. Creo que lo hizo para vengarse por no haber sido nominado como director de la agencia y de alguna manera, para torpedearme a mí".

Su papel durante el caso Watergate nunca estuvo del todo claro. Sus críticos le acusaron de haber intentado obstaculizar las investigaciones y él mismo reconoció ante el Congreso haberle entregado a la Casa Blanca documentos internos del FBI y haber quemado papeles relacionados con las escuchas de Nixon.

Tras su confesión, John D. Ehrlichman, asesor del presidente, acuñó una frase célebre: "A partir de ahora Gray se retorcerá despacio en el viento". Sin embargo, en entrevistas recientes, Gray defendió sus acciones y su fidelidad hacia la Casa Blanca, mientras su hijo, Ed Gray, afirmaba ayer en The New York Times que su padre "nunca estuvo en connivencia con Nixon. Todo lo que él quería era llegar al fondo del asunto".

En un intento por limpiar su nombre, Gray estaba ahora inmerso en la escritura de sus memorias, con las que su hijo espera "contrarrestar todas las falsas acusaciones de las que fue objeto. En el caso Watergate no hubo héroes. Pero creo que pronto se sabrá que mi padre fue el único hombre honesto de toda esta historia".-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005