Pasamos tanto tiempo hablando de nosotros mismos y mirándonos el ombligo que incluso nos cuesta admitir que otra mirada es posible. Y sin embargo, no sólo lo es, sino que siempre resulta enriquecedor echar una ojeada al otro lado del espejo. Esto es lo que hace la exposición Occidente visto desde Oriente, que puede verse en el CCCB hasta el próximo 25 de septiembre. Allí no sólo se enseña la otra cara de la moneda -cómo nos ven desde Oriente-, sino que se sigue un repaso histórico de cómo ha ido cambiando esta mirada a lo largo de los siglos.
Para empezar, la exposición muestra con acierto detalles del libro realizado por el geógrafo árabe Al-Idrisi, en el siglo XII, en el que se describen las diferentes partes del mundo. Al-Idrisi fue un personaje muy interesante, como suelen serlo los que viven a caballo entre dos mundos. Noble de origen magrebí (nació en Ceuta en 1100), estuvo al servicio de un rey cristiano, el normando Roger de Sicilia (1105-1154), quien le encargó la realización de un mapa del mundo. En él se trazan los perfiles de Europa y se pueden leer algunas descripciones acertadas y curiosidades, como la que asegura que en Noruega hay hombres salvajes que carecen de cuello y que se alimentan de bellotas y castañas.
Siempre enriquece echar una ojeada al otro lado del espejo. Es lo que hace la exposición 'Occidente visto desde Oriente'
Las cruzadas vistas por los árabes son también un fenómeno muy interesante, ya que la mirada islámica de esta "guerra santa" es, por supuesto, muy distinta de la occidental. Desde Occidente era una guerra justa y honrosa; desde Oriente, una invasión horrorosa e injusta. Por otra parte, resulta también curiosa la visión que desde el islam se tiene de algunos personajes de la Biblia. Son nombres compartidos con el cristianismo, pero con matices que los diferencian, ya que el islam se considera heredero y rectificador del judaísmo y el cristianismo. A Jesús, por ejemplo, se le considera un profeta más en Oriente, pero no se le reconoce que sea hijo de Dios. El sacrificio de Abraham y la expulsión de Adán y Eva del paraíso son otros episodios revisados en esta exposición que ponen de manifiesto los distintos puntos de vista entre Oriente y Occidente.
Es recomendable, como contraste de la visión del recorrido histórico, detenerse ante los televisores que muestran algunas opiniones de intelectuales del Oriente de ahora mismo. Por ejemplo, a la pregunta de qué es lo que detestan de Occidente, llama a atención la respuesta de la escritora libanesa Houda Barakat: "Cómo sale del metro la gente por la mañana. Las residencias para ancianos. Lo que también odio es la sensación de miedo hacia lo desconocido, hacia lo extranjero. Quizá pasa lo mismo en todo el mundo, pero en Occidente cada vez más. Tampoco me gustan los bares pequeños". Por otra parte, a la pregunta de por qué reina la democracia en Occidente y el despotismo todavía domina en Oriente, responde la escritora persa Sorour Kasmaï: "Pienso que la democracia reina en Occidente porque Occidente ha tenido la novela. Y el despotismo en Oriente porque Oriente ha tenido la poesía. La novela es el desarrollo del imaginario democrático porque en ella hay distintas vías, distintas posibilidades de destino, mientras que la poesía es despótica".
Otro dato interesante que aporta la exposición es que la fascinación por Oriente que hubo en Occidente a partir del siglo XVIII, reflejada sobre todo en la literatura y en la pintura, no fue recíproca, aunque la pintura y la fotografía entraron en las sociedades orientales para mostrar cómo era "el otro mundo". Sin embargo, no fue hasta 1830 cuando el viaje a Europa se convirtió en Oriente en casi obligatorio para el político reformista, para el ilustrado partidario de la modernidad, para el estudiante en busca de saber. Londres, París y Berlín fueron entonces observadas con fascinación, aunque lo que más llamaba la atención a los viajeros orientales era la libertad de que gozaban las mujeres occidentales. En este sentido, resulta revelador el testimonio de la princesa Salme, de Zanzíbar, que se casó con un comerciante alemán y escribió en Europa el libro Memorias de una princesa de Zanzíbar (Alba Editorial). Otro libro de procedencia oriental publicado recientemente, de lectura muy recomendable, es Els viatges, de Ibn Batuta, el llamado Marco Polo árabe, aunque es una pena que en su largo viaje no se acercara a Europa para ofrecernos una visión del continente en el siglo XIV.
El final de la exposición, con el conflicto ejemplarizado en el enfrentamiento entre Bin Laden y Bush, no permite ser muy optimista sobre la relación entre ambos mundos, aunque la conclusión es clara: Oriente y Occidente son dos platos de una balanza, o dos brazos de un mismo río. Son, en definitiva, el yin y el yang de un universo en el que todos estamos condenados a entendernos. Basta con salir a la calle y con adentrarse en el multiétnico Raval para certificarlo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005