Anoche fui al teatro Poliorama para intentar disfrutar del espectáculo de danza Romeo y Julieta. ¡Qué error! En primer lugar, a diferencia del resto de los espectadores, tuve que llamar al teatro pues los empleados de Servicaixa desconocen cuáles son las localidades accesibles para personas discapacitadas. Una vez en la indicada por el propio teatro, los responsables de la sala me retiraron la silla de ruedas pues "podía molestar" al resto de los espectadores. Pero ¿y mis derechos? Por no mencionar el peligro que supone para mi integridad en caso de incendio o cualquier otra emergencia. ¿Qué pasará el día en que esto suceda? ¿Los discapacitados nos tendremos que quedar dentro y quemarnos, pero contentos por no haber molestado a nadie? Para rematar, 10 minutos después de finalizar el espectáculo aún esperaba la silla. Finalmente, mi novia (gracias a Dios no fui solo, pues quizá aún estaría dentro) fue a preguntar dónde estaba. Un empleado ni siquiera se disculpó. Le contestó de malos modos. Nuestras quejas a la jefa de sala chocaron con su indiferencia. Tuvo que ser una empleada sin ningún cargo la única que se disculpó en nombre del teatro. No me extraña que muchos discapacitados prefieran quedarse en casa y teman ir al teatro y sentirse menospreciados.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005