En abril del año 2003, el Pleno del Ayuntamiento de Valencia adoptó el acuerdo de que las antenas de telefonía móvil se situarían siempre a una distancia mínima de 100 metros de los centros educativos y de los hospitales. El concejal de Urbanismo se felicita porque en junio de 2005 ha conseguido modificar esa normativa, de manera que la única restricción afecte a las antenas que se encuentren en visión directa de espacios sensibles: "Si no se ven, no existen".
Quiero recordarle que nuestro sistema democrático representativo no le da un cheque en blanco y que las ondas electromagnéticas que emiten las antenas de telefonía móvil atraviesan edificios y personas.
Jorge Bellver se felicita... mientras deja desprotegidas las zonas sensibles y condena a los ciudadanos a sufrir la contaminación electromagnética en sus domicilios.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005