Los británicos despertaron ayer con el mensaje de la reina Isabel II a los miembros del comité olímpico. Lo leía su hija Anna y fue la noticia estelar en las emisoras matutinas de radio: "Espero recibirles en el palacio de Buckingham en 2012". Esas palabras de la monarca sonaron entonces a chantaje sutil, pero resultaron ser una premonición. La reina abrirá sus salones, por segunda vez desde que Londres optó al concurso olímpico, a la jerarquía del deporte mundial y los londinenses quieren celebrarlo a lo grande. De hecho la fiesta popular ya está en marcha. Comenzó al mediodía de ayer en Trafalgar Square, punto neurálgico de la ciudad, y en Stratford, la zona del este de la capital donde se construirá la Villa Olímpica
Unas 10.000 personas se desplazaron a la céntrica plaza, dominada por la estatua del almirante Nelson, para seguir en las pantallas gigantes de televisión el veredicto del comité olímpico. Gritos, saltos, abrazos ... al escucharse el nombre de Londres en vez del de París, la favorita. Cayó una lluvia de confetti y saltaron por los aires bastantes tapones de corcho de las botellas de champán. Una inesperada victoria para los británicos sobre su eterna rival en todas las facetas. Muchos apenas se lo creían.
A muchos escolares les dieron ayer fiesta en apoyo de una candidatura que ha hecho hincapié en el legado que los Juegos dejará en los más pequeños. Son los futuros potenciales medallistas, como Alex Savin, experto en esgrima a sus 10 años, que ayer declaró desde Stratford que estaba viviendo el "mejor momento de mi vida". "Es absolutamente increíble. Conozco bien las pasiones que despierta el participar en los Juegos Olímpicos. Serán los mejores de la historia y cambiarán la faz de Gran Bretaña para siempre", dijo en el estrado de Trafalgar Square, la doble medallista olímpica Kelly Holmes. "Es una oportunidad increíble y un reto genuino pues queda mucho trabajo por delante", dijo desde Singapore el alcalde de Londres, Ken Livingstone.
Las cartas están sobre la mesa. Y las cifras también. El presupuesto global se estima justo por debajo de los 4.000 millones de libras (unos 5.800 millones de euros), incluidos 2.400 en la construcción de las instalaciones y 1.500 en la puesta en marcha de los juegos. La financiación se reparte en tres bandas: 1.500 millones de una nueva lotería; 500.000 de la cesión de derechos de transmisión y 625.000 de un impuesto municipal sin precedentes.
Los londinenses ganaron ayer la votación olímpica, pero pagarán 20 libras adicionales (unos 30 euros) al año en su ya cargada contribución local durante los próximos siete años. En compensación, celebrarán en su casa un evento de magnitud mundial, verán mejoras en su precario sistema de transporte público y ganarán una vasta área de 500 acres (2.023.430 metros cuadrados) de terreno baldío y contaminado en el este de la capital. "Se trata de dejar un legado para el este de Londres y las jóvenes generaciones", señaló Holmes.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005