La derrota no fue tomada en Moscú como un drama porque se esperaba. Nadie en Rusia creía seriamente que su capital fuera elegida. Entre las razones de ello destacaban tanto la baja evaluación que le dieron los inspectores olímpicos como sus problemas de seguridad. Muchos opinan que la candidatura se hundió el verano pasado, cuando dos aviones de pasajeros explotaron en el aire: dos chechenas separatistas se habían inmolado. Antes de ese acto terrorista se había producido una explosión en el metro y después vino la tragedia de la toma de una escuela en Beslán. Por si fuera poco, en vísperas de la votación de Singapur, Shamil Basáyev, el líder independentista checheno responsable de los más sangrientos atentados, advirtió de que los deportistas no podrían sentirse seguros en Moscú, a la que declaró "zona de guerra".
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Cuando se consumó la eliminación, no hubo frustración entre las personas congregadas ante la pantalla gigante instalada en la plaza Roja. En vez de dispersarse, siguieron disfrutando del concierto gratuito que se había organizado. A su vez, las autoridades pusieron buena cara al mal tiempo. "No desesperamos. Al contrario, miramos con optimismo al futuro", dijo el alcalde, Yuri Luzhkov, tras felicitar a Londres y Valeri Shántsev, su segundo, anunció que Moscú volverá a presentarse para albergar de nuevo los Juegos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005