El tópico dice que el fútbol es un negocio impredecible, dentro y fuera del campo. Solari lo sabe bien. Seis meses después de firmar su renovación por el Madrid, hasta junio de 2009, el jugador argentino se dispone a ser traspasado al Inter de Milán por una cantidad que el club madrileño fija en tres millones de euros. El Inter, en cambio, asegura que no pagará nada: que al Madrid le basta con no tener que hacerse cargo de los tres millones de euros brutos que cuesta su ficha anual. Todo está en el aire a la espera de la firma del contrato. Pero ayer el jugador se trasladó a Milán, donde le practicaron una revisión médica. Hoy puede resolverse una historia que anuncia su final desde hace tres años.
Santiago Solari (Rosario, Argentina, 1976), renovó su contrato con el Madrid a finales de enero. Lo hizo poco después de meterle un gol soberbio al Mallorca, en el Bernabéu. La gente le había ovacionado y la prensa clamaba por la necesidad de renovarle. El Madrid no hizo oídos sordos. Ante el clamor social, y viendo que el Manchester se disponía a ficharle con la carta de libertad bajo el brazo, el presidente, Florentino Pérez, se apresuró a llamar al jugador. Firmaron un contrato por cuatro años, cenaron juntos, y charlaron como si entre ambos existiese una relación coronada por la firme intención de prolongarla. Solari estaba sorprendido. Hasta ese momento, había pensado que Florentino Pérez no quería renovarle.
Un mes después del cónclave, a finales de febrero, Solari se aburría en el banquillo. El técnico madridista, Vanderlei Luxemburgo, contaba con él menos que nunca. Solari no tardaría en saber que el Madrid, en realidad, no contaba con él. De modo que comenzó a buscarse un destino: y allí estaba el Inter, con la promesa de jugar partidos y, quién sabe, de entrar en la selección argentina que jugará el Mundial de 2006.
El Inter es el club que siempre se interesó por fichar a Solari. Primero con Héctor Cúper en el banquillo, en el verano de 2002. Desde hace un año, con Mancini, que debió pujar con el Manchester. En el verano pasado, el jugador estuvo a punto de dejar el Madrid para irse al equipo que dirige Álex Ferguson. Pero Camacho se interpuso en contra de los intereses del club y del jugador.
Con su renovación en enero, Solari y el Madrid salieron ganando. El Madrid se aseguró la posibilidad de cobrar un traspaso. Solari consiguió mejorar su contrato en un 50 por ciento, cobrando seis millones limpios en cuatro años. Ahora, según fuentes del Inter, Moratti le pagará lo mismo. Pero el contrato sólo durará tres años.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005