Gérard Mortier, director de la Ópera de París, aseguró ayer que el teatro "se ocupa de las cuestiones latentes de la sociedad que la ley no puede resolver". El Círculo de Bellas Artes de Madrid fue escenario, a propósito del estreno en el Teatro Real de La flauta mágica revisada por La Fura del Baus, de un coloquio entre el público y la estrella de la gestión cultural. Mortier, consciente de su influencia, explicó pausadamente por qué fascina la obra de Mozart.
Acompañado por el director del Círculo de Bellas Artes, Juan Barja, y por los críticos Alberto González Lapuente y Juan Ángel Vela del Campo, Gérard Mortier habló de La flauta mágica, de Mozart, y de la polémica revisión que La Fura dels Baus, en coproducción con la Ópera de París, la Trienal del Ruhr (de la que Mortier también fue director) y el Teatro Real, estrenó en Madrid el martes.
Mortier se refirió a La flauta mágica como una obra que reflexiona sobre "la muerte y el misterio de la vida". Como lo que él considera que debe ser el teatro, "una respuesta a las cuestiones latentes que la ley no puede resolver". El teatro, según el gestor belga, "es un espejo de la sociedad", y La flauta mágica es, por encima de todo, "una obra popular". De ahí que pensara en La Fura para dirigir el montaje, "una compañía experta en este tipo de representaciones".
Mortier se refirió también a la fascinación, casi inconsciente, que la música de La flauta mágica despierta en el espectador. "Podríamos estar hablando todo el tiempo sólo de la parte instrumental", afirmó.
Consciente del aura de provocador que viene envolviéndole en los últimos tiempos y de que en algunos sitios sus espectáculos, por rupturistas, no son bien recibidos, Mortier se defendió y aseguró que es el público quien le provoca a él con las expectativas permanentes de ser sorprendido.
En la misma sala donde se celebraba la charla se generó cierta controversia con la intervención, por alusiones, de Carles Padrissa, fundador de La Fura dels Baus. Tras ser increpado por un espectador que denunciaba ausencia de criterio en algunos aspectos de la puesta en escena, Padrissa defendió la evolución de la ópera.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005