A Sergio Galán le bastó con que uno de sus caballos hiciera monaditas con una mano y que, a continuación, se balanceara como una corista cubana, para que el público se volcara con el jinete. Le concedieron las dos orejas del sexto. Un regalo que ni siquiera él esperaría. En su primero no llegó a torear; lo que hacía era galopar, que no es lo mismo. En el primer tercio de rejones la labor de Galán se tornó muy floja. Rejoneaba a una distancia enorme, alargando mucho el brazo. Destacó en una banderilla corta en su primero. Una segunda banderilla en el sexto, que fue sin duda lo de más relieve de su trabajo a caballo.
Pablo Hermoso de Mendoza tuvo la cruz con los rejones de muerte. No supo manejarlos con la calidad que suele ser habitual en él. Con todo, en algunos momentos su toreo brilló. Con Campogrande se pegó un "arrimón" en su primer toro. Cuando salió Chenel en el quinto de la tarde se encendieron los ánimos del público. Empezó a torear, y eso era torear y no galopar, que no es lo mismo. Puso tres pares de banderillas con ese caballo en tres viajes magníficos. En el último por querer arrimarse excesivamente, el caballo recibió un topetazo. No hubo sangre, ya que a los dioses no se les debe sacar, o perderían su condición de dioses. Los otros caballos de su cuadro, como Labrit, Chicuelo y Nativo cumplieron con creces.
Murube / Domecq, Hermoso, Galán
Toros de Murube, anovillados, con poca fuerza a partir del segundo tercio, distraídos. Luis Domecq: aplausos; silencio. Pablo Hermoso de Mendoza: ovación; oreja. Sergio Galán: ovación; dos orejas. Salió a hombros. Plaza de toros de Pamplona, 6 de julio. 2º festejo de feria. Lleno.
Luis Domecq estuvo desacertado en su primero, y horrorosamente mal con los rejones de muerte en su segundo. Durante la lidia de ese toro resultó bastante penoso ver que uno de los caballos no le obedecía, cuando el jinete le instaba a que doblara las manos. Obviamente, si además de no brillar a la hora de rejonear y de matar, si encima, digo, un caballo se le rebela, mal andamos. No sé por qué asocié esa negativa caballar con un dicho árabe: "El honor reside en las crines de los caballos".
Se nos figura extraño, o cuando menos curioso, que los letreros luminosos de la plaza de Pamplona anunciaran a cada uno de los caballos que montaba Pablo Hermoso de Mendoza. Sin embargo, nada decía ni sabíamos cuáles eran los nombres de los caballos de los otros dos rejoneadores. ¿Por qué? ¿Quizá porque Hermoso es navarro? ¿Quizá porque los otros rejoneadores no estiman como debieran a sus caballos y no quieren que se sepan sus nombres?: ¿Por qué?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005