El menú de la cena de bienvenida a los líderes del G-8 en el lujoso hotel de Gleneagles de anoche era a última hora de la tarde secreto de estado. Pero según revela el diario escocés The Scotsman, el chef encargado de elaborarla, Andrew Fairlie, de 41 años, escocés formado por el francés Michel Guérard, escogió los mejores productos locales. Parece que quería probar al presidente francés, Jacques Chirac, que la gastronomía británica no es tan mala como opina.
"No se puede confiar en gente que cocina tan mal", comentó el presidente francés el pasado domingo en conversación privada con el canciller alemán, Gerhard Schröder, y el presidente ruso, Vladímir Putin, en Kaliningrado. La información, difundida por el diario francés Libération, desató una polémica de la que se ha ido haciendo eco la prensa internacional.
A pesar de los esfuerzos del chef, es posible que la derrota en Singapur de París frente a Londres, que competían para obtener los Juegos Olímpicos de 2012, le haya cortado el apetito al dirigente francés. La cena de gala debía ser un momento de confraternización y reposo antes de afrontar hoy los asuntos conflictivos previstos para la cumbre: la ayuda financiera a África y las medidas para luchar contra el cambio climático.
Lo que se sabía es que no se pensaba servir el manjar escocés -el haggis- que fue uno de los blancos de las críticas de Chirac. A este propósito, el propio ministro de Exteriores británico, Jack Straw, reconoció que "Chirac tenía razón en lo que se refiere al haggis", una especie de morcilla a base de entrañas de cordero que se ha convertido en plato nacional y manjar para los escoceses. Al igual que Chirac, Straw hizo este comentario en una conversación privada recogida en un periódico, pero fue confirmada posteriormente por el portavoz del ministro.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005