Esta mañana suena un móvil que no es el mío. Vivo en una callecita peatonal que amén de para pasar sirve para tomar cañas, tocar la flauta, el acordeón o malcantar rumbas y, por la mañana, también sirve de despacho para algún trabajador autónomo o para algunos funcionarios que dejan dicho en su oficina que "si hay algo", que los llamen. Pues bien, una mañana, después de una noche insomne, gracias a sucesivos conciertos de energúmenos que desfilaron vociferando a eso de las tres y a eso de las seis de la madrugada, oigo un móvil que no es el mío y una voz que dice: "¿Diga?... ¿Quién es?... ¡Cago'n la mar salá! ¿Cómo estás?" Más tarde, salgo a tomarme la cerveza yo misma y en el bar donde estoy oigo lo siguiente: "¿Y a mí qué me importa que sea moro? ¿Tú sabes que moro significa que no está bautizao? A ver: ¿Quién lloró cuando se tuvo que ir de Graná? Pues se llamaba Boabdil, no se llamaba Pepe!". Como suelo decir, ¡somos un gran país!
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de julio de 2005