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Necrológica:NECROLÓGICAS

Ibrahim Ferrer, cantante de Buena Vista Social Club

El cantante cubano Ibrahim Ferrer, voz emblemática del son y de la trova tradicional y famoso mundialmente a raíz del éxito de Buena Vista Social Club, murió el sábado en La Habana a la edad de 78 años. Ferrer había regresado el miércoles a su país después de realizar una gira por Europa, durante la cual presentó canciones de un disco de boleros que tenía previsto lanzar en septiembre. Ya sus últimos conciertos los realizó con fuertes dolores, y nada más llegar a La Habana fue ingresado en el hospital Cimeq debido a problemas gastrointestinales agudos. Su súbita e inesperada muerte provocó conmoción en el mundo artístico cubano.

Ibrahim Ferrer no tuvo una vida fácil, ni en lo personal ni en lo profesional, si bien sus últimos años estuvieron cuajados de éxitos y reconocimientos, que, aunque tarde, le llegaron e hicieron feliz. Nacido en 1927 en la ciudad oriental de Santiago, cuna del son y de los ritmos tradicionales cubanos, su historia, como la de la mayoría de los músicos de su generación, es una combinación de trabajo duro, talento, alegría, sinsabores y mucho sacrificio.

La madre de Ferrer se puso de parto en pleno baile en un club social, y si esto, seguramente, le marcó para toda la vida, más aún le influyó en su infancia quedarse huérfano a los 12 años. Para sobrevivir, Ibrahim vendió caramelos y palomitas de maíz en las calles de su ciudad, y cuando no había cumplido 14 integró junto a su primo su primer conjunto musical, para amenizar las fiestas del barrio.

Cantó en varias bandas locales, incluida la orquesta Maravilla de Beltrán, de Pacho Alonso, con quien se uniría después en La Habana. En 1955 participó en el popular disco El platanar de Bartolo, con la orquesta santiaguera Chepín-Chovén, pero ya desde aquellos principios la suerte se empeñó en ponérselo difícil. El disco reportó a Ferrer fama local, pero salió sin su nombre y desde entonces el éxito le fue regateado una y otra vez.

En 1957 se trasladó a La Habana y llegó a tocar en grandes orquestas, incluidas la Ritmo Oriental y la del gran Benny Moré, donde interpretó guarachas, sones y otros ritmos populares, pero siempre cargó el sambenito de que no era suficientemente bueno para llegar a solista de baladas y boleros. "Decían que mi voz sólo era adecuada para canciones de baile", afirmó Ferrer. "Con Pacho Alonso y Benny Moré sentí que estaba haciendo algo importante, pero siempre quedé en las sombras. Me sentía amado por la audiencia, pero no por mis colegas".

A partir de los sesenta se integró de forma estable al grupo de Alonso, en el que se jubiló en 1991, hastiado del eterno papel de segundón. En cierto sentido, el retiro le llegó como "un alivio", aunque en eso desembarcó la crisis del "Periodo Especial" y tuvo que dedicarse a limpiabotas para subsistir. Finalmente, el azar se puso de su lado cuando, en 1997, el músico y productor cubano Juan de Marcos González le fue a buscar para que participara en un disco que estaban grabando unos americanos en los estudios de la Egrem.

La anécdota es antológica. "Al principio no estaba interesado", contó Ferrer, "había sufrido mucho a causa de la música... Pero insistió hasta que acepté grabar un tema con él. Le dije que no podía ir a ningún sitio sin tomar un baño antes. Me dijo: 'No, no, están grabando ahora', así que dejé los zapatos que estaba limpiando y fui con él". Al final, Ferrer grabó 12 de las 14 canciones del disco, que era Buena Vista Social Club. Aquel trabajo obtuvo un premio Grammy y convirtió en estrellas a Compay Segundo, Rubén González, Elíades Ochoa, Omara Portuondo, Manuel Galbán y al propio Ferrer.

Enamorado de su voz cálida y su talento, el productor de Buena Vista, Ry Cooder, editó en 1999 su primer disco en solitario, Buena Vista Social Club presents... Ibrahim Ferrer, que vendió 1,5 millones de copias. Después llegó Buenos hermanos, que obtuvo un Grammy el año pasado, y junto a los discos y reconocimientos llegaron las giras y los conciertos en los escenarios más prestigiosos del mundo. "Parece que la vida tenía preparado ese momento que me ha estado esperando todo el tiempo", dijo en una entrevista.

En el momento de su fallecimiento daba los últimos retoques al disco Mi sueño. A bolero songbook, que recoge clásicos del género como Perfidia, Perfume de gardenias y Mil congojas. "Es lo que siempre había soñado, hacer un disco de boleros", dijo antes de concluir su reciente gira europea, que fue la última. Ibrahim Ferrer será enterrado hoy en La Habana.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 2005