Cansados de mirar al cielo, giraron la vista al suelo. La sequía ha provocado que las extracciones de agua del subsuelo hayan aumentado a un ritmo frenético en los últimos años, a razón de unas mil nuevas captaciones cada año, hasta superar las 12.000 sólo en la provincia de Málaga. El agua extraída de los pozos ya supone el 35% de la consumida. Al ritmo actual, la Cuenca Mediterránea Andaluza alerta de que si las ansiadas lluvias no aparecen, las reservas subterráneas de aguas descenderán en otoño a los niveles de 1995, los más bajos de los que se tiene constancia.
La cifra de 12.000 extracciones no contabiliza las captaciones ilegales de agua que constantemente agricultores, urbanizaciones y campos de golf realizan a espaldas de la administración y sin permiso alguno. Sólo durante cuatro días de la semana pasada, la Guardería Fluvial abrió 58 denuncias por extracciones ilegales en un plan de choque que pretende hacer aflorar el uso irregular de las aguas subterráneas en la provincia de Málaga. Responsables de la Policía Autonómica, Seprona, Consejería de Medio Ambiente y Cuenca Mediterránea se reunirán el próximo martes con el objetivo de lograr "un peinado total" de la superficie, tanto forestal como agrícola.
La intención es coordinar a 300 efectivos para frenar en seco estas captaciones y lograr "resultados a corto plazo", según Ignacio Trillo, delegado de Medio Ambiente en Málaga.
La vigilancia de estos habituales "pinchazos del terreno" se ha convertido en una tarea titánica, ya que sólo 40 guardas fluviales vigilan todo el territorio que abarca la Cuenca, desde Gibraltar hasta Almería. "Necesitaríamos una plantilla con el doble de guardas, pero me temo que duplicar efectivos será una labor de años", se lamenta Antonio Rodríguez Leal, director de la Cuenca Mediterránea. A pesar de la pírrica cifra de guardas, la Cuenca abrió 3.000 expedientes durante el pasado año para denunciar los vertidos, la invasión del dominio público de los ríos, y las extracciones de aguas subterráneas, de los que unos 1.200 fueron sancionados.
"Al tener los acuíferos niveles tan bajos de reservas, abrimos nuevos pozos y topamos con una mayor intensidad contaminante del agua", explica Juan Manuel Calvo, comisario de Aguas. En los nuevos pozos del campo de Gibraltar, los científicos de la Cuenca han detectado altos niveles de manganeso en el agua que obligan a tratarla antes de ser ingerida. Según las últimas mediciones, el nivel de los acuíferos ha descendido desde el 48% de hace un año al 22%, si se toma como referencia el nivel más bajo de reservas subterráneas fijado durante la gran sequía de 1995.
"La extracción de agua subterránea continúa creciendo, y ya representa el 35% del total que Málaga consume", confirma Calvo. El problema de que las captaciones de los acuíferos se hayan multiplicado exponencialmente radica en que el próximo otoño los niveles se igualarán a los de hace una década, pero mientras que en 1995 finalizaba un período de sequía, a 2005 le han precedido años relativamente húmedos. "Ha sido un gravísimo error que los ayuntamientos hayan seguido utilizando los permisos concedidos para captaciones en 1995, porque resulta más barato extraer que comprar agua potabilizada", denuncia Rodríguez Leal. En el año más seco desde la década de los cuarenta, a la desalinizadora de Marbella y los nuevos aportes del pantano de la Viñuela, se ha sumado esta incesante apertura de nuevos pozos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 2005