La española Edurne Pasabán y la autriaca Gerlinde Kaltenbruner acapararán la expectación durante los próximos años en la lucha por saber cuál de las dos será la primera alpinista en completar la colección de las 14 cimas del mundo superiores a los 8.000 metros. La pugna es un calco idéntico al que protagonizaron en los años 80 el italiano Reinhold Messner y el polaco Jerzy Kukuckza. Si en aquel duelo de hombres, ganado finalmente por Messner, hubo una competencia sana, ahora sucede lo mismo entre estas dos damas de la montaña.
Pasabán, de 32 años de edad, y Kaltenbrunner, de 34, se han hecho con el protagonismo esta temporada en el Karakorum, en el Himalaya del Pakistán. La montañera vasca pasó a encabezar en solitario la carrera de la colección con su conquista de su octavo ocho mil, el Nanga Parbat (8.125 metros), el pasado 20 de julio. Su hazaña tuvo un valor añadido. Fue su primera cumbre después de que le fueran amputados el año pasado los segundos dedos de cada pie, que perdió durante su ascensión al K-2, su séptima cima. El liderato, sin embargo, resultó efímero. La centroeuropea le dio cumplida réplica un día después al ascender el Gasherbrum 2 (8.035), sumando también a su álbum particular la octava cúspide.
Edurne subió en julio el Nanga Parbat en su primera aventura tras perder dos dedos
La española y la austriaca han coronado ocho de las 14 cimas más altas
Mientras Edurne disfrutaba de su éxito en el campo base con cava y cerveza junto a sus seis compañeros de expedición, a 200 kilómetros de allí, en una cumbre que divisó perfectamente desde la cima del Nanga Parbat, la austriaca reimplataba la igualdad en la carrera femenina. Pasabán se quedó en aquel momento algo apesadumbrada. Pero pronto felicitó públicamente a Gerlinde.
"Me alegro por ella", dijo Edurne antes de dejar el campo base del Nanga Parbat tres días después de coronar con éxito la cumbre. "Nos conocemos. Hemos hablado muchas veces y siempre nos hemos deseado lo mejor en nuestras respectivas aventuras", agregó; "fue la misma Gerlinde la que llamó a nuestro campo base para comunicarnos que había hecho la cumbre. Nos alegramos mucho y seguimos bebiendo cerveza y cava. Cualquier cima conquistada es un éxito de todos los alpinistas".
La temporada de Kaltenbrunner ha sido redonda. La pasada primavera logró su séptima gran cumbre (el Shisha Pagma, de 8.025 metros) y el mes pasado la octava. Su ascensión al Gasherbrum 2 fue fulgurante. El 17 de julio, la austriaca había descendido desde el campo 2 al base porque las previsiones del tiempo no eran buenas. Pero, al conocer que la ventana del buen tiempo se mantenía el martes siguiente, día 19, volvió a irse hacia arriba y en dos días hizo la cumbre. El ataque final lo desarrolló en unas condiciones durísimas. De los 19 montañeros que salieron a por la cima desde el campo superior de la montaña, situado a 7.100 metros, sólo llegaron la austriaca y dos italianos, completando los últimos 200 metros de desnivel en seis horas. "Sabía que Gerlinde lo estaba intentando. Y estaba segura que tendría éxito porque es una mujer muy fuerte", comentó Edurne.
Pese a la rivalidad existente, es tanta su complicidad, que Pasabán y Kaltenbrunner se estuvieron mandando ánimos a través del correo electrónico y del teléfono móvil durante el último mes.
"Nos preguntábamos dónde estábamos cada día, qué campo habíamos equipado y cómo estaban las condiciones de hielo, nieve y roca de nuestras respectivas montañas. Hubo un contacto permanente. Yo fuí la primera en sumar el octavo ocho mil, pero fue solo una anécdota", explica Edurne. Y añade: "No hay competitividad por mi parte. Si quisiera ser la primera en completar la colección, lo diría públicamente. Yo no tengo envidia de nadie. Incluso prefiero que Gerlinde vaya por delante. Así, la presión es toda para ella".
Curiosamente, ambas alpinistas se habían planteado escalar conjuntamente el Broad Peak (8.047 metros) este verano en un ataque rápido aprovechando la aclimatación conseguida. Y ambas insisten, especialmente Edurne, en que ninguna de las dos pretendía verse envuelta en este duelo de las alturas. Y la vasca asegura que la coincidencia en el número de las cimas, ocho, ha sido solamente fruto de la casualidad.
El fair play de las dos alpinistas quedó patente pocos días después de sus respectivos éxitos al llegar ambas a un acuerdo para renunciar al Broad Peak por las malas condiciones de la montaña y postergar así la lucha por los ocho mil hasta la próxima temporada. Edurne ha aprovechado el parón para recorrer en bicicleta Mongolia en compañía de su novio, Oriol.
En 2006, estas dos damas de la montaña volverán a emprender la colección de los 14 gigantes del planeta. La pugna, de momento, es cosa de dos: la italiana Nives Meroi las persigue a cierta distancia con sus seis ocho mil. Pero en los libros del alpinismo siempre quedará la memoria de la legendaria alpinista polaca Wanda Rutkiewitz, fallecida en 1992 en el Kachenchunga, en la ascensión que tenía que ser su noveno ocho mil.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 2005