Desconozco si ustedes se habrán preguntado cómo es posible que mueran tantas personas en la carretera, pero a mí me ha bastado con una salida de fin de semana para llegar a la conclusión de que sólo gracias a Dios no son más los accidentes.
¿Me puede alguien explicar qué hace la gente picándose a no sé cuántos por hora, replicando con maniobras que han interpretado como insultantes y vengándose por ello? ¿Es que acaso no proporciona la Play Station realismo suficiente como para dejar esos piques para la consola en lugar de jugar con la vida de los demás? Parece estar de moda también pegarse al coche de delante que va más despacio dando luces para que éste se retire del carril.
Déjeseme aclarar que no por ello se quitará antes, sino se pondrá más nervioso y aumentará la probabilidad de un accidente. Y es que algunos parecen relacionar la velocidad con la masculinidad o con el tamaño del aparato reproductor masculino; craso error, pues en mi opinión este tipo de maniobras más bien son considerables como inversamente proporcionales al cociente intelectual del conductor.
Tampoco es necesario acortar por el interior del carril en las curvas invadiendo el carril adyacente; ¡parece que la alonsomanía se ha trasladado a nuestras carreteras! De verdad que no se llega antes por ello.
En fin, que quería hacer una sugerencia a los irresponsables que circulan por nuestras carreteras, pero pongo en duda que semejantes personas siquiera lleguen a echar un vistazo a las páginas de opinión del diario, ¿o quizá sí? Supongo que al final la única sugerencia efectiva viene dada a través de una sabrosa multa.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 2005