El debate en torno a la idoneidad, o no, de buscar un pacto con el PNV se ha servido ya en el seno del PSE-EE. La verdad es que nadie ha puntualizado ni las características ni las condiciones ni la profundidad de dicho pacto, pero la polémica ha saltado, quizás porque estamos en agosto y no hay demasiadas noticias, o quizás porque se trata de un asunto pendiente que urge resolver. Para mí, éste siempre ha sido un asunto apasionante porque se convirtió en un tema tabú cuando el PNV subió al monte de Lizarra y el PSE-EE al monte del Kursaal de Mayor Oreja y Redondo, y dejaron el valle, despoblado de pensamientos y reflexiones, lleno de vascos y vascas despistados preguntándose por qué los políticos hablaban a gritos, atrincherados en sus respectivos montes, cuando podían hacerlo de forma mucho más constructiva al lado de los ciudadanos y de sus problemas, es decir, en el valle. Aunque apasionante, también he preferido que este asunto me pareciera intocable y, como tal, lo he dejado reposar para evitar polémicas estériles, pero ahora, con las voces procedentes de los despachos-búnker de la Dirección (no por ello más certeras y atinadas que las de los militantes de base), se ha desatado un "diálogo" en el que deseo participar.
Lograr un pacto con el PNV daría estabilidad a un Gobierno vasco que actualmente amenaza ruina por inestable y precario
¿Cabe en Euskadi, por el momento, algún pacto que no sea con el PNV? Ni por ideología, ni por táctica, ni por estrategia cabe otro
Las secuencias encadenadas comienzan con el anuncio de que PNV, PSOE y PSE se han reunido en algún lugar de Madrid para tratar de "sus" futuras relaciones. Continúa con la declaración del compañero Rojo -además presidente del Senado español, secretario general de los socialistas alaveses y, por ende, miembro de la ejecutiva del PSE-, anunciando que presentará en el próximo congreso del PSE-EE la "necesidad" de un nuevo pacto con el PNV. Y, por fin, cierra la secuencia la respuesta de otros dirigentes del PSE -según el escalafón, menos dirigentes que Rojo-, que rechazan la propuesta de Rojo. No importa demasiado quiénes son los protagonistas ni cuál es el modo de ejercer el protagonismo. Lanzada la propuesta bien cabe reflexionar sobre ella, y no importa que se haga públicamente, con luz y taquígrafos, porque la política vasca lleva demasiado tiempo sumergida en odiseas imposibles y oscurantismos. Que los partidos mayores apunten hacia el exterior sus luchas internas es sano y esclarecedor, mucho más que la unidad y la uniformidad que solo se logran mediante manos de hierro y subasta de intereses, sobre todo en estos tiempos en que no andamos sobrados de líderes políticos.
Cuando he leído que es "necesario" un pacto con el PNV (por parte del PSE) para no dejar el futuro de Euskadi merced de los votos de EHAK-Batasuna, para ser respondido que hay varios PNV, uno de Ibarretxe, otro de Egibar y otro de Imaz, y que, ante la ambigüedad, mejor olvidarnos de ello, me ha parecido que las reflexiones habían sido demasiado superficiales. El PSE debe impregnarse (o contagiarse, da lo mismo) del espíritu negociador y talante pactista de Zapatero y, si así lo hace, ¿cabe en Euskadi, por el momento, algún pacto que no sea con el PNV? Ni por ideología, ni por táctica, ni por estrategia cabe otro acuerdo. Ciertamente, el PNV es un partido conservador, pero para nada comparable con la derecha del PP, quizás por su tenue poso demócrata cristiano. Si a esto añadimos que la izquierda vasca (PSE, EA, EB y EHAK) no permite acuerdos globales, al menos en tanto continúe sin ser resuelto el fenómeno terrorista, resulta evidente que sólo hay un pacto posible. Conveniente o no, pero único.
Bien sé que ésta no es una razón suficiente, máxime teniendo en cuenta que un pacto entre dos precisa de la voluntad de los dos y hay demasiadas voces revoloteando en el PNV y en el PSE, pero, ¿a qué viene echar en cara al otro su ambigüedad y dispersión sabiendo que se está hablando también desde la ambigüedad y la dispersión propias? En el PSE tenemos que debatir la conveniencia, o no, de un pacto con el PNV sabiendo que, al margen de sensibilidades y posicionamientos internos legítimos, el pacto se hace con el PNV de Imaz, es decir entre PNV y PSE, con las firmas de Josu Jon Imaz y Patxi López. Cada formación debe gestionar sus debates internamente sin pensar en cómo las gestiona la otra formación.
Hay, además, otras cuestiones fundamentales para juzgar conveniente un posible pacto con el PNV, porque lograrlo daría estabilidad a un Gobierno vasco que actualmente amenaza ruina por inestable y precario. No cabe ya argumentar que el plan Ibarretxe es un hándicap insuperable, porque no sólo ha sido superado, sino que ya se ha mostrado tan inútil para el propio nacionalismo como inocuo para los demás.
Otra cuestión fundamental que avala un posible pacto PSE-PNV deriva de las opiniones de los ciudadanos. Las encuestas son esclarecedoras porque la gran mayoría de los vascos admite que las relaciones entre Madrid y Vitoria han mejorado considerablemente desde la llegada de Zapatero al Gobierno, a la vez que se muestran partidarios de un acuerdo (incluso, para formar Gobierno) entre el PSE y el PNV. Y tan fundamental como esto es el hecho de que Zapatero se haya comprometido con todos los españoles a resolver el problema terrorista en caso de que cese la actividad asesina de ETA. Este proceso, aún en ciernes, precisa inevitablemente una relación intensísima y leal entre los gobiernos español y vasco. Y, a poder ser, entre los partidos que los sustentan.
Creo que son razones suficientes que, por estar en la mente de casi todos los ciudadanos, avalan un posible pacto. Pero daré otra razón de carácter más interno (del PSE), aunque perfectamente perceptible por los ciudadanos. La apuesta de Zapatero por una España multicultural y pluralista abrió el PSOE a la colaboración con fuerzas nacionalistas y regionalistas (algo influyó en ello el logro de mayorías parlamentarias tras las elecciones generales). Lo cierto es que los socialistas hemos llegado a acuerdos con ERC y BNG (independentistas), además de con Colación Canaria, Partido Regionalista de Cantabria, Partido Aragonés o Chunta Aragonesista. ¿Por qué el empecinamiento en excluir al PNV de esa posibilidad cuando avalan la posibilidad los gobiernos de coalición de las épocas de Ardanza, Jáuregui y Buesa, que son los mejor valorados desde la llegada de la democracia?
No se trata de pactar a ciegas ni de hacer esfuerzos que extenúen. Se trata de sopesar las cosas sin prisas y sin pausas, con cordura y con las miras puestas en el bienestar de los ciudadanos y la mejora de la convivencia. Ahora es la época de Patxi López y del PSE. El PSE debe reflexionar con las puertas abiertas a sus bases y a los ciudadanos. Y Patxi López, que será quien dirija la nave del PSE, deberá saber elegir entre los oportunistas bunkerizados (capaces de cambiar de búnker al menor riesgo) y los adictos a la reflexión colectiva. Del éxito o fracaso en esta búsqueda depende la consistencia de su liderazgo.
Josu Montalbán es portavoz adjunto del PSE en las Juntas Generales de Vizcaya.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 2005