En Los Veranos de la Cabra, sesiones veraniegas que ofrece la sala homónima en el parque angular de su teatro en Chueca, se ve hasta el 14 la obra Tazón de sopa china y un tenedor, de la compañía Amaranto de Barcelona, con David Franch, Lidia González y la artista plástica Àngels Ciscar como apoyo de la performance. Entre el collage y la instalación animada, la obra hace reír poco y hace pensar lo suyo, aun careciendo de un necesario hilo conductor más tenso. Los artistas se enfrascan en un debate de psicología en la barra (del bar) e intentan dar, a través de viñetas, situaciones que van de la miseria a lo esperpéntico, con un amargo sustrato de cinismo e ironía.
En realidad se impone al final ese cínico pasotismo que aboga por mofarse de las desgracias propias y ajenas; los retratos tales están muy conseguidos y al final logran inspirar una cierta conmiseración. Cuando optan por el movimiento puro y duro, se hacen fuertes en escena, demuestran su preparación y madurez interpretativa. Les falta algo de fondo en las historias, algún detalle que les humanice y que convenza. Con todo, se dejan ver.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 2005