La fascinación que provoca aún la figura de Truman Capote, 21 años después de su muerte, explica que el pasado invierno Hollywood rodase dos películas biográficas del autor de A sangre fría. Truman Streofkus Persons, verdadero nombre de Capote, nació en 1924 en Nueva Orleans y se crió escribiendo cuentos en un pueblo de Alabama. Muy joven, se mudó a Nueva York y empezó a escribir relatos cortos para revistas como The New Yorker. Otras voces, otros ámbitos (1948), su primera novela, fue un éxito inmediato y causó gran revuelo por su contraportada, en la que el escritor posaba como una especie de Lolita.
Pequeño y de voz atiplada, se convirtió en el enfant terrible de Nueva York, que seducía a los hombres como un encantador de serpientes y se ganaba a las féminas con su oído paciente. Tras publicar Desayuno en Tiffany's y un ácido retrato de Marlon Brando, entre otros encargos periodísticos, Capote necesitaba volver a la ficción. Por eso propuso a The New Yorker un reportaje sobre una familia asesinada en Kansas por 40 dólares. Su trabajo comenzó en 1959 y terminó seis años más tarde cuando, tras ser testigo del ahorcamiento de los asesinos por invitación de éstos, parió A sangre fría. "Aquello", recuerda Vanity Fair, "fue para la literatura lo que la beatlemanía para la música". Nada volvió a ser lo mismo. Lo visto le estalló el alma. Nunca terminó una novela larga y se sumergió en el alcohol, la droga, el cotilleo y la promiscuidad. Hasta que en 1984, a los 59 años, Capote, que padecía ataques epilépticos y tomaba drogas sedantes, no despertó en casa de una amiga en Los Ángeles. "Sólo diré que no soy una persona feliz. Sólo los imbéciles o los idiotas son felices", repetía.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 2005