Un verdadero torrente de jondura, que se quiebra unas veces, se resguarda al reparo del susurro otras, o rompe poderosa como un vendaval. La voz de Fernando Terremoto es todo eso y mucho más, una fuerza de la naturaleza que puede permitirse el lujo de dejar el micrófono a un lado y cantar con la misma apasionada efectividad. Fernando Terremoto se halla en un momento de su carrera importante. Canta muy bien, canta como los ángeles. Su voz tiene ese misterio insondable que llamamos pellizco, o rajo: una forma de decir el cante que no es fácil de explicar. Cantó lo más difícil, esos estilos que definen a un cantaor de los que van quedando pocos. Por siguiriyas, por malagueñas. Cantes complejos, que raramente se cantan bien. Él los hace con aparente facilidad, como si no le costara cantarlos. Pero le cuesta, vaya si le cuesta.
Más ligero, El Pitingo cantó igualmente bien. Hizo una "invención" de la malagueña del Mellizo trufada de tangos, que quiere mover un poco la creación de aquel cantaor gaditano; pero ese cante es sagrado, no debe tocarse. Cantó bien, además, por granaínas y por soleares. Es un cantaor, este Pitingo, que muestra interés por fijar su cante, y lo logrará. Facultades y conocimiento tiene para ello.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de agosto de 2005