Antonio Martínez, un bombero con 22 años de servicio, fue el encargado de bajar el cuadro de la Virgen de la Paloma, la patrona de Madrid y del cuerpo de extinción de incendios. Nervioso y con una gran responsabilidad a sus espaldas, según declaró después, este sargento cumplió con una tradición de decenas de años. "Le tengo mucha devoción a la virgen. Para todos nosotros es muy importante", comentó Martínez.
La iglesia de la Paloma estuvo abarrotada y con un calor sofocante. Tras la misa, llegó uno de los momentos más esperados por los asistentes y por los integrantes de la hermandad de bomberos de la Virgen de la Paloma. Una enorme escalera gris claro fue la utilizada por Antonio Martínez y por sus compañeros para bajar el cuadro de la patrona. Los feligreses no pararon de proferir vivas hacia los bomberos y la virgen.
"Hay que hacerlo con la suficiente tranquilidad para que el juego de poleas no falle y tampoco con la rapidez para que no se caiga el cuadro", explicó el sargento, que le hizo una petición a la virgen que no reveló. "Hace 11 años le pedí que me ayudara con un problema físico que sufría y que podía obligarme a dejar mi puesto. Gracias a ella, sigo con mi trabajo", añadió.
Los primeros en besar la imagen de la virgen fueron los oficiantes de la misa, seguidos del alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, y otros miembros de la corporación municipal. Después comenzaron a pasar los fieles.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de agosto de 2005