El día 27 de agosto ocurrió un incidente que no puedo acallar. A las seis de la tarde, más o menos, comenzó a sonar la alarma del supermercado DIA, situado en el Barrio León, de Sevilla, cosa a la que nos tiene acostumbrados dicha entidad. Ante la continuidad del molesto y persistente sonido busqué una dirección telefónica a donde poder dirigirme en solicitud de que apagaran esa dichosa alarma sin resultado alguno, no atendían al teléfono. Al no poder solucionar nuestro problema por ese camino decidí, recurrir al teléfono de emergencia 112. En una primera llamada, hacia las ocho de la tarde, se me dijo que darían aviso al 092; más de una hora más tarde la alarma seguía sonando. Los vecinos, más inquietos y nerviosos; los bebés llorando y los enfermos intranquilos, nos planteábamos qué hacer, varios más llamaron al 112, los bomberos... Transcurrido ya un largo tiempo llegó una pareja de la Policía Nacional que indicó a unos vecinos que nada podían hacer, los bomberos confirmaron que no podían solucionar ese problema. Hacia las 10 de la noche, a mi segunda llamada al 112, me tranquilizaron con que inmediatamente darían un parte. Aún no hemos tenido ni una llamada de cortesía. Con la oscuridad de la noche, primero hacia las 11 y posteriormente hacia las cuatro o cinco de la madrugada, alguien destrozó la alarma y por fin calló.
¿Para qué sirven las alarmas? ¿Quién autoriza este sistema que sólo sirve para molestar a los vecinos? ¿Para qué nos sirven policía, bomberos, Protección Civil y cuál es el papel de estos cuerpos y servicios? ¿Qué ley protege a las grandes empresas que no atienden a los usuarios? ¿Cuál es el cometido y la responsabilidad de las empresas de seguridad que no acuden a solucionar estos problemas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005