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Reportaje:

Una vendimia rencorosa

Dos sabotajes, uno a unas viñas de Freixenet y otro a un agricultor, radicalizan la campaña en el Penedès

Vilafranca del Penedès

Que los agricultores y las grandes empresas cavistas no se pongan de acuerdo sobre el precio de la uva no es ninguna novedad en el Penedès, pero sí sorprende la radicalización del pulso que están manteniendo ambas partes. En los últimos días se han registrado dos incidentes, aún sin esclarecer, que muy probablemente están relacionados con el debate sobre el precio de la uva y, dan una mala imagen sobre el Alt Penedès como comarca vitivinícola.

El pasado 2 de septiembre, Freixenet denunció ante la Guardia Civil que en una de sus viñas se habían talado 371 cepas para que desde una perspectiva aérea se leyera la palabra caciques. El pasado lunes fue un dirigente comarcal del sindicato agrario Unió de Pagesos, Josep Marrugat, quien se dio cuenta de que en una de sus viñas, en el municipio de La Granada (Alt Penedès), alguien había cortado una treintena de cepas. Un año más, los agricultores y las empresas de cava (el 80% de la uva de la Denominación de origen Penedès se destina a la elaboración de este espumoso) se han quedado lejos de un acuerdo.

Marrugat cree que posiblemente la acción sobre su viña fue una represalia del sector cavista por lo sucedido en Freixenet. Él se ha perfilado como uno de los agricultores más reivindicativos del sindicato agrario en la comarca y sospecha que lo del lunes es "una advertencia", aunque no lo pueda demostrar. Estos dos sucesos son algo insólito en la comarca. Lo más significativo es que reflejan el ambiente que se palpa en el sector. Los productores de uva hacía años que no salían a la calle a manifestarse, y ahora ya llevan dos vendimias seguidas haciéndolo. En ésta incluso se han atrevido a no vendimiar durante todo un día.

También hay pequeños detalles que plasman el rencor que hay entre algunos. Un viticultor asegura que hace unos días el encargado de las cavas donde descarga su uva le obligó a quitar un adhesivo reivindicativo que tenía pegado al tractor. "Al final lo tuve que arrancar con un destornillador", explica aún sorprendido. Hay quien piensa que esta no es una vendimia radicalizada, sino extraña y, sobre todo, de mucha incertidumbre. Entre ellos se encuentra el mismo presidente de la patronal Institut del Cava, Magí Raventós, quien cree que hay "un clima de mucha preocupación". Raventós reconoce que hay productores que lo estan pasando mal. Pero el suyo es un mensaje de calma y diálogo: "Hay buena voluntad para encontrar soluciones, lo que pasa es que es difícil transmitirla a los sindicatos".

El pasado 24 de agosto, las organizaciones agrarias y la patronal Institut del Cava llegaron a un principio de acuerdo para un precio mínimo de la uva. El acuerdo estaba supeditado a otro posterior sobre un precio mínimo para el vino. Para elaborar su producto, los cavistas pueden comprar uva directamente a los productores o vino base a las cooperativas, por lo que UP sostiene que no tenía sentido pactar un precio sólo para la uva. Finalmente, para el vino no ha habido consenso y todo ha quedado igual, con unos precios similares a los del año pasado. Este es un sector en el que hay pocos compradores de uva y muchos vendedores, por lo que los primeros juegan con ventaja. "Con los precios que se están pagando, es muy difícil continuar produciendo uva de calidad", alerta el responsable del sector del vino de UP, Joan Santó.

La unidad sindical que aparentaba existir antes de la vendimia ha sido poco más que un espejismo. UP y IACSI coincidieron en la manifestación del 13 de agosto en Vilafranca del Penedès. En cambio, el lunes IACSI recriminó al sindicato agrario mayoritario en el Penedès por la convocatoria en la que un centenar de payeses cortaron los accesos a las instalaciones de Codorníu, Freixenet y a la elaboradora de vinos Torres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005