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Crítica:LA LIDIA | Feria de Valladolid

Gustó Jiménez y ganó la afición

No entró el personal a la plaza muy ilusionado. La ausencia de El Cid y el devenir de la feria no hacían concebir esperanzas. Los tendidos andaban divididos. El público en general esperaba las banderillas de El Fandi. En cambio, la afición esperaba expectante a César Jiménez. Por una vez, y sin que sirva de precedente, la afición se llevó el gato al agua, gustó Jiménez.

El de Fuenlabrada lució capote estilista y variado. Sus navarras, serpentinas, revoleras

fueron del agrado de la concurrencia. Las dos series por redondo dando distancia son hasta ahora lo mejor de la feria. Al natural hizo agua. Vuelto a la diestra, nada fue como el principio, terminó encimista. Le cambiaron inválido por manso, sin descomponer figura le recetó dos series de ayudados por bajo de magníficas hechuras. Siguieron pintureros de talle suelto. En las proximidades volvió por los fueros iniciales y dejó una magnífica serie por redondos. Toda su actuación fue muy celebrada. Estuvo por encima de sus oponentes.

Lorenzo / Fandi, Jiménez, Marín

Cinco toros de Carmen Lorenzo Carrasco, desiguales de presentación, mansos y descastados. Un toro de hermanos Gutiérrez Lorenzo, devuelto por inválido. Sobrero del Puerto de San Lorenzo, pregonao. El Fandi: pinchazo, estocadas (palmas); estocada (oreja); César Jiménez: estocada (oreja) y estocada caída (oreja); Serafín Marín: estocada (palmas) dos pinchazos -aviso- estocada (palmas). Plaza de Valladolid, 8 de septiembre, 6ª de feria. Tres cuartos de entrada.

A El Fandi le sobran dos tercios, último y primero. En éste no aparece, y en el otro le pierde el banderillero que lleva dentro. Todo cuanto intenta le sale movido, acelerado. Lo que no es óbice para que se cuele algún pase que otro a lo que hay que sumar el tesón. Está claro, lo de él son los rehiletes. Los dos primeros los puso a la moviola y el último al violín, con alarde en marcha atrás y servofreno. Esto último fue el acabose. ¡Qué aclamación a coso levantado! En el otro, el primero al uso, segundo moviola y el último por los adentros. Ésos no alcanzaron apoteosis.

Serafín Marín en el primero, y con el capote hizo la suerte de Don Tancredo. Se puede decir que ni se movió. Con la muleta, faena viva de voz y vacía de contenido. Le tocó para despedir festejo el pregonao del encierro. No está el diestro catalán para estos menesteres. Nunca debió de brindarle. Su voluntad y entrega en el trasteo dejó fuera de toda duda su ilusión por triunfar. Por fin, el aficionado, que se conforma con poca cosa, salió hablando del toreo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005