De los numerosos artículos que vienen apareciendo en este diario sobre el transvase Xúquer-Vinalopó, el firmado por el Profesor Rico (30 de Agosto) en ferviente defensa del trazado con toma en Cortes de Pallás merece comentario, no ya por el énfasis terminológico (guerra entre comarcas, fraude metodológico, juzgado de guardia, decretazo, etc.) sino por alguno de sus sesgados argumentos.
En primer lugar la evaluación de caudales del Xúquer en base a los últimos 50 años, tal vez correcta desde un punto de vista puramente hidrogeológico, es desde luego indefendible en plano meteorológico-ambiental: La reducción de las precipitaciones y el aumento del consumo urbano en los últimos 20 años parecen imparables.
En segundo lugar, se debe rechazar de plano el presunto axioma, implícitamente sentado por el articulista, que el agua vertida por acequias de Sueca o Cullera, es un agua que sobra. Parece obligado recordar que el volumen que los ríos, o las acequias que de ellos proceden, aportan al mar sirve para mantener los niveles freáticos en las comarcas llanas litorales.
Por cierto: si el agua que se podría tomar del azud la Marquesa es "de ínfima calidad" ¿qué especie de solidaridad es la que se pide a los usuarios del Xúquer? ¿la de ceder el agua del curso medio para que así empeore ese liquido ya presuntamente nefasto con el que se riegan las huertas de la Ribera?
Por fin, y en tercer lugar, no comparto otra afirmación repetida hasta la saciedad: la de que un proyecto que cuente con determinadas fases en construcción deba, por ese mero hecho, terminarse ineludiblemente. La relación de obras públicas abandonadas o reformadas es suficientemente larga y notoria en cualquier país civilizado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005