Me impresionó en primer lugar la interpretación de José Sacristán y recordé los grandes histriones del tiempo pasado, cuando la magnitud de la voz y sus cambios repentinos, los gestos a veces desmesurados, indicaban la grandeza de un actor y sus posibilidades físicas e intelectuales. Pienso que esta obra interesante -el autor tiene menos de 30 años- quizá tuviera otro sentido interpretada de otra manera; o tal vez no llegara a tener ninguno. Es un diálogo: un enorme almacén al que llega un joven a sustituir al viejo encargado, empleado único. Me apresuro a decir que este otro actor, Carlos Santos, es bueno y lleva muy bien su trabajo que es algo más que llevar la situación a los puntos necesarios para el discurso de Sacristán, y que su manera de actuar queda a la sombra del maestro. Quizá si estuvieran los dos en un mismo tono, el drama hubiera funcionado de otra manera: entre dos obreros, el que llega y el que termina, en un espacio que podría ser la nada, o la vida. Estaríamos ante el problema del trabajo-basura, de los contratos también basura; de la necesidad de trabajar y hasta de vivir. La interpretación de Sacristán, sin olvidar esos temas, lo eleva y lo conduce hasta casi la metafísica, como la labor del director le añade toques de misterio, que están muy bien señalados en el decorado de Berrondo: la nave infinita, los símbolos esotéricos que se dejan ver suavemente en la pared de ladrillo: lo tangible y lo intangible del diálogo. El espectador pone lo demás: quiero decir que lo convierte en lo que quiera, en una obra sobre el trabajo humano o en una obra metafísica. Yo me limité a observar el trabajo especial de José Sacristán, que desde que apareció en escena provocó las carcajadas de los espectadores -sobre todo, de las espectadoras-, las risitas de adhesión al personaje y de estímulo al actor, que terminó entre bravos y gente puesta en pie. Era la primera representación con público, previa al estreno oficial.
Almacenados
De David Desola. Intérpretes: José Sacristán y Carlos Santos. Escenografía: Jon Berrondo. Dirección: Juan José Alfonso. Teatro Fígaro.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005