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Crítica:CLÁSICA

Sin corsé

Naturalidad, desenvoltura o desparpajo son características a las que no estamos demasiado acostumbrados en la historia de la ONE. En su Noche Americana -primero de los dos conciertos del miniciclo Septiembre Sinfónico- se quitó el corsé y mostró unas bonitas caderas que si valieron el miércoles para el mambo o el cha-cha-chá, lo mismo habrán de hacerlo para el vals o el minué, es decir, para toda la temporada. Como muestra, esos solistas de trompeta, clarinete, flauta y batería que se entregaron a modo y parecieron pasarlo bien. El programa, desde luego, era precioso y popular: Danza de la venganza de Medea, de Barber; Rapsodia en blue, de Gershwin; Danzas sinfónicas de West Side Story, de Bernstein, y El salón México, de Copland. Música, pues, divertida en general, muy basada en la rítmica, que le sonaba a conocida al mucho público nuevo que acudió al Auditorio y que bien hecha se fortalece frente a quienes todavía le ven un punto de superficialidad.

Septiembre Sinfónico

Orquesta Nacional de España. Noche americana. Rubén Gimeno, director. Rosa Torres Pardo, piano. Obras de Barber, George Gershwin, Leonard Bernstein y Aaron Copland. Auditorio Nacional. Madrid, 7 de septiembre.

Para este crítico era novedad la presencia en el podio del joven y prometedor Rubén Gimeno, un valenciano formado en Finlandia nada menos que con Jorma Panula. Sus maneras, su estilo, son un poquito deslavazados y no acaba de transmitir esa sensación de autoridad que se supone en un director de fuste, pero a pesar de esa apariencia, sus logros alcanzaron una buena altura. Lo mejor, los momentos más dinámicos de las cuatro partituras. Lo menos bueno estuvo en los más líricos, así Somewhere -que debe emocionar- o el Finale, los dos de West Side Story. Tampoco jugó a su favor el tempo demasiado lento de la obra de Barber. Faltó igualmente un mayor sentido unitario en Copland, que quedó más como una suma de fragmentos. Rosa Torres Pardo estuvo estupenda en la pieza de Gershwin, que le va como anillo al dedo, que le gusta tanto que hasta parece que, en cualquier momento, se va a lanzar a improvisar sobre ella y que ella así entiende desde la libertad que proclama.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005