El juez Farid Fuad señaló el bolsillo de su pantalón cuando le pregunté quién garantizaba que nadie metiera las manos en las cuatro urnas bajo su vigilancia. Allí guardaba las llaves de los candados. A las diez de la noche del miércoles, nada más cerrarse los colegios electorales, Fuad abrió las cuatro enormes cajas de madera y procedió a contar las papeletas.
Como él, otros nueve mil jueces. "Primero voy a separar los votos nulos, y luego distribuiré las papeletas correspondientes a cada candidato", explicó. Ha sido la primera vez que el recuento inicial se ha llevado a cabo en los propios colegios electorales, lo que no ha eliminado las sospechas que se hayan añadido votos.
En teoría, podían asistir los representantes de los candidatos, lo que según Fuad, era una garantía. En la práctica, su presencia ha dependido del juez encargado (donde lo había) y del poder de los caciques locales del partido gobernante.
Concluida su tarea, el juez entregó ayer las papeletas y su informe a uno de los tres centenares de centros de recuento, donde se procedió a un nuevo arqueo de los votos. Finalmente, los responsables de esos centros entregaron los votos al centro de operaciones de la Comisión Electoral donde se computan de forma electrónica. Por ley, ese organismo dispone de tres días para completar el proceso y anunciar su resultado final e inapelable. La Comisión no ha autorizado la presencia de observadores durante el recuento. "Una elección no puede considerarse libre, justa y transparente si los votantes no tienen derecho a controlar y escrutar el proceso de distribución de sus votos", declaró el Comité Independiente.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005