El pasado día 5, idiOTAmente aparqué en zona azul pensando que los residentes no teníamos límite horario. Pero, como me quedé con la duda, le pregunté a un municipal cómo funciona esto nuevo de la OTA. A lo que me respondió que eso no era asunto suyo (me gustaría saber si ese agente sabe distinguir bien entre qué es lo suyo y qué no es lo suyo). Al anochecer, comentando con una amiga cómo funcionaba el nuevo sistema, me regaló una de esas tarjetitas informativas que el Ayuntamiento ha decidido buzonear en algunos sitios y en otros no y que advierte de que la zona gratis para los residentes es la verde y no la azul. IdiOTA de mí, corrí a por el coche, pero ya era tarde. Allí estaba la multa.
Al día siguiente traté de anularla en el parquímetro, y la verdad es que, además de un curso de mecanografía, había que saber mucho de leyes y tener la bendición de santa Águeda para que te conserve la vista (la máquina tiene un teclado y unas instrucciones complejas, la denuncia es incomprensible e ilegible, y en el reverso aparecen algunos tachones con bolígrafo de significado desconocido).
Para más inri, el parquímetro decía que la oportunidad de anular la denuncia estaba caducada porque habían transcurrido más de 48 horas. Claro que más que de un parquímetro se trataba de la máquina del tiempo, puesto que según su parecer vivíamos en el 16 de agosto. Lo gracioso es que ese día estival no había que pagar OTA, y yo voy a tener que pagar una multa de 60 euros..
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005