El rostro humano ha dejado de ser un elemento esencial de la etnografía para convertirse en instrumento de análisis político y social. Lo demuestran los 34 artistas cuyas obras configuran la exposición Rostros: el retrato en el umbral del siglo XXI presentada ayer en Pamplona. La primera muestra del nuevo ciclo organizada por el Ayuntamiento de la capital navarra permanecerá abierta en la Ciudadela hasta el 16 de octubre.
El comisario de la exposición, Fernando Francés, director del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, se alegró ayer de haberse anticipado en la temática a la magna exposición que bajo un título similar, Rostros, presentará el Museo del Louvre de París.
Desde una óptica estrictamente contemporánea la muestra pamplonesa constata cambios en una modalidad eterna de creación. "La atracción por el Tercer Mundo está aquí para permanecer", señaló Francés. "Es una preocupación y un compromiso. El rostro ha dejado de ser un simple elemento etnográfico para convertirse en un instrumento artístico del análisis político y social".
Procedentes de colecciones institucionales y privadas españolas y de países como Estados Unidos y confeccionadas desde el final de la década de los noventa y hasta 2005, la exposición incluye los rostros de presos de la cárcel Modelo de Barcelona captados por Juan Urrios, las caras deformadas de Thomas Schütte y Santiago Ydañez en una reflexión sobre la violencia, y la reivindicación tolerante de la serie de la tribu etíope surma de Isabel Muñoz.
Hay además obras del chino Zhang-Huan en la serie Family Tree en la que los calígrafos convierten su autorretrato en una cara negra, alegato de la pérdida de la individualidad impuesta por el comunismo de Mao. El francés Pierre Gonnord retrata el mestizaje japonés de sus nuevas generaciones y Miguel Ángel Gaueca paga con la misma moneda a las leyes del mercado.
Andrés Serrano, uno de los artistas internacionales más alabado y odiado al tiempo, presenta uno de los retratos de miembros del Ku Klux Klan de su serie Klansman. Por su parte, Ángeles Agrela recoge la idea del rostro y el ropaje en su obra.
Desde otra óptica, Ana Laura Aláez, Susy Gómez, María José Gómez Redondo, Carmela García o Begoña Montalbán se inventan un mundo más optimista e idílico. La moda y la publicidad están detrás de las propuestas de Merlín Carpentier, Rogelio López o Dora García. Algunos como Edwin Olaf, viven de la publicidad y los hay magos de la imagen como Vik Muñiz, Pedro Mora o Robert Silvers, que utilizan para sus fotomosaicos medios atípicos como pequeñas cerámicas con tratamiento informático o elementos como azúcar, tinta, alambre, chocolate o soldaditos de plomo. Patricio Reig y la pintura de Jiri Georg exploran la memoria del retrato con títulos como 40 veces KO, la interpretación libre del rostro de Cristo.
La exposición tiene: la calidad pura del retrato de Cristina García Rodero o Jean-Baptiste Huynh, Humberto Rivas y Alberto García-Alix, el simbolismo social de Valentín Vallhonrat, Per Barclay, Cindy Sherman, Thomas Ruff o Evan Penny o la metamorfosis del ser humano con las nuevas tecnologías de Marina Núñez.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 2005