Después de la tragedia, terribles presagios los que se ciernen sobre Nueva Orleans, el esplendor del mejor jazz. Parece que escucho a Louis Armstrong cantándole otra vez al viejo Sur, rota su voz por la desolación que vive su gente. Sin duda el genial Satchmo, desde las alturas, sabrá inspirar a los nuevos músicos para que sepan cantar la grandeza con la que sin duda se deberá afrontar tanto dolor que, una vez más, parece ensañarse principalmente contra la negritud. Con esa esperanza y mi solidaridad, el deseo de que dentro de poco vuelvan a tener sentido aquellas palabras cantadas por el inmortal trompetista... What a wonderful world.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de septiembre de 2005