Hace un tiempo me publicaron una carta sobre el ruido y la velocidad con los que algunos vehículos circulan por las calles de Periana (Málaga). Tuvo impacto aquella carta y personas sensibles a esta agresión de la convivencia ciudadana me felicitaron. Estas mismas personas me piden que vuelva a escribir. La situación sigue igual y eso que se han tenido reiteradas conversaciones con el consistorio, que me consta busca formas de erradicar el despotismo de los conductores que alteran la paz del pueblo con sus bravuconas formas de conducir fuera de la ley. ¿Que pasa? ¿Tan difícil es aplicar el código? Y está ocurriendo que, ante la impunidad de la que gozan los susodichos alteradores, fortalecen su conducta de forma que hasta el conductor adolescente que va luciéndose por las calles haciendo "el caballito" y se encuentra en el camino con tu mirada recriminatoria, te hace un gesto de triunfo (corte de mangas), poniendo en peligro su integridad física y la de los demás. ¡Y que un padre, celoso de la seguridad de su hijo pequeño, no se le ocurra interceptar a uno de estos desaprensivos conductores! porque vendrá detrás su padre amenazándole de muerte. La educación está fallando y la autoridad también, es lo que creo. Quiero añadir que esto pasa en mi pueblo y en muchos pueblos más; es la tónica general...
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de septiembre de 2005