Parece que por fin tenemos el ansiado Estatut, que últimamente estábamos siguiendo todos los catalanes con la misma pasión que un culebrón venezolano. Pero a pesar de esta gran noticia yo no me siento ni más feliz ni más catalán porque, la verdad sea dicha, lo que realmente nos interesa tanto a los catalanes como al resto de España es que los impuestos recaudados, de una forma u otra, sean bien gestionados y no se derroche el dinero, que exista estabilidad laboral para los jóvenes, que la gasolina no esté a precio de oro, que las drogas no invadan nuestra sociedad y que no se pueda fumar en el trabajo. O sea, una serie de necesidades diarias a las que parece que nuestros políticos son ajenos, ya que se dedican en cuerpo y alma a la política de salón, y no a aquello para lo que considero que realmente han sido elegidos y por lo que además cobran, que es trabajar para el pueblo.
Me alegro; pero después de un breve descanso, por favor, señores políticos, a trabajar con la misma pasión para el mundo real.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de octubre de 2005