Cuando veo el Palau de les Arts me imagino como un antiguo y humilde egipcio ante la pirámide de Keops: empequeñecido.
Me siento pequeño ante esta muestra de macroarquitectura. Ante su cúmulo de datos que abruman. Sus 37.000 metros cuadrados, su capacidad para más de 4.000 personas, sus más de 71 metros de altura, sus 237 metros de longitud...
Un espacio para la ópera que haría felices a Wagner y a Luis II de Baviera. Espero que también nos haga felices a nosotros, pequeños y humildes valencianos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de octubre de 2005