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COLUMNA

Torrente

Como la realidad supera siempre a la ficción, parece que un brote agudo de torrentismo invade la política andaluza. En primer lugar la esperpéntica situación del Ayuntamiento de Marbella, que fue escenario de Torrente-2 ,personaje ligado a la ciudad a la altura de Jesús Gil. Los grupos municipales parecen muñecas rusas: escisiones de escisiones de escisiones. Aquí se sigue a pie juntillas las enseñanzas del gran Murphy. El portavoz del PA tenía colocado a su hermano y a su tía, pero la alcaldesa tiene a su marido y se exhibe con un guardaespaldas. Los debates municipales en la ciudad de la Costa del Sol son sobre las horas que dedica Marisol Yagüe a la peluquería. La verdad es que el sillón de la alcaldía marbellí no ha sido honrado en las últimas décadas por ningún intelectual. Las secuelas de la película son espeluznantes. Por otros lugares, el exgobernador de Cádiz y ex delegado del Estado en la Zona Franca de Cádiz acusa al portavoz socialista, Rafael Román, en el primer acto de su demanda, de "cagón, cagueta y cagao", casi una tautología al estilo Gertrude Stein pero en escatológico. Le hubiera faltado el chándal con que nos ha obsequiado en otras ocasiones para completar la escena atrabiliaria del intrépido detective del Atlético de Madrid. A los avezados gobernantes de Camas los han pillado con el carrito de los helados, en conversaciones grabadas y en fotos. Pero la actuación de Esperanza Oña ha rebasado todo lo imaginable. No sólo metió la pata cuando acusó a la Consejera de Gobernación de tener a varios familiares colocados en la Junta, sino que para no tener que rectificar ha sido contumaz: pidió la relación de todos los familiares hasta el cuarto grado de parentesco por consanguinidad o por afinidad de todos los altos cargos de la Junta de Andalucía al objeto de seguir con su labor detectivesca pero sin sudar mucho, que eso despeina y malogra el maquillaje. Como no se lo han dado, se ha inventado un hermano del Consejero de Presidencia, hijo único. Seguro que deslizándose por la pendiente disparará por elevación y seguirá en sus trece. La naturaleza imita al arte y Esperanza Oña se ha convertido en una caricatura de sí misma. En su partido hay tan poca caridad cristiana que nadie le dice que pare un poco o que se dedique a mejores causas, porque el ridículo es como el mar, infinito.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005